El problema está latente. No hay que ser un adivinador ni cosa parecida para rápido llegar a una conclusión verdadera. Lo cierto es que los falsos políticos se encuentran anidando en todas las organizaciones políticas que conforman el arco iris dominicano.
Para ellos, tanto la educación política como la disciplina partidaria, lo repito, para ellos, no son más que puras sandeces, obstáculos fastidiosos que se colocan delante de sus caminos, ya muy bien definidos para hacer y deshacer en nombre de su partido. La realidad, que siempre será la realidad aunque duela, nos obliga a una revisión profunda por parte de los organismos jerárquicos que tienen el control de las decisiones de carácter político.
La cuestión radica en que algunos falsos políticos de estos nuevos tiempos no creen en la lectura ni en la moral.
Ellos siempre pretenden seducir o corromper, partiendo del criterio errado de que cada quien tiene su precio. Para ellos, dedicarse a la actividad política significa enriquecerse para que luego, mañana o dentro de una década, nadie lo sindique como hombre pendejo o mediocre.
Sin embargo, otros, incluyéndome por cierto, consideramos que un político serio es aquél que después de haber ocupado una posición pública, sale elegantemente vestido con su traje de moral hecho a la medida.
Lo real maravilloso, es que existe una gran diferencia entre lo que es un político serio y un falso político hacedor de fortuna malhabida.
El político serio se respeta de por sí y para sí (y estoy recordando a mi maestro Juan Bosch) es un educador, mientras que un hacedor de fortuna, es sólo un arribista, un disociador, chismoso, defensor del futuro halagüeño que se labra sin importarle los comentarios y argumentos negativos que él mismo se encarga de echar a correr.
¿Qué les importa a ellos que les llamen falsos políticos con caras de analfabetos funcionales, si consiguen el dinero por la derecha o por la izquierda.
O cambiamos para bien; o pronto aguas turbias y hediondas acabarán mojándonos a todos, aunque no estemos metidos en el centro del huracán.

