Difícil cuestión, la rabiosa actualidad del caso de los haitianos en este país. Latente, dramático.
El hambre los empuja hacia donde, creen van a encontrar techo, pan y trabajo.
Tras un paraíso que no existe, en busca de una mejor forma de vida.
A menudo, cruzan un deprimente masacre a pie.
Emigran por razones económicas, por motivos políticos y otras.
Lo mismo sucede con un gran número de dominicanos que viajan en yolas para Puerto Rico y otros lugares.
La mayoría malvive entre detenciones de la policía, recurrentes brotes de racismo visceral, deportaciones, etc.
Esta aspiración que intenta alcanzar bienestar, crea en los países receptores una situación perturbadora.
Con su consiguiente rechazo.
Al fin y al cabo, una cultura es el conjunto de historias que da cohesión a una sociedad.
Entre ellas están también los relatos sobre los propios orígenes.
Esto es, la biografía de una sociedad (La Descripción de la vida), lo que le dice que es.
Se sabe que esta sociedad vive una doble moral, no queremos al extranjero, al ilegal, como ciudadano (Depende del color) para esclavo y que realice trabajos, cuando nos conviene.
¿Es posible eliminar la ambigüedad política que inunda al concepto de responsabilidad política?
Hay que depurar responsabilidades; la historia no se elimina.
Se supera. No requiere definición teórica.
Se necesita aplicación práctica. Seamos comprensivos, rechacemos la histeria.
Trabajemos con la educación intercultural en la lucha contra el racismo y la xenofobia.
Eso es.

