Opinión

Los lectores opinan

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Aumento para  la DNCD
Señor director:

Apoyo a quienes han hecho un llamado a un aumento de salarios a los policías y militares. Muchos de ellos se encuentran a merced de los delincuentes, especialmente, de los patrocinadores de la droga. Aunque también es verdad que muchos de ellos se han convertido en delincuentes. Ahí tenemos los casos recientes.

Sin duda alguna, los patrocinadores de la droga (quienes financian las operaciones del tráfico ilícito), dirigen intelectualmente esas operaciones, suministrando el equipo de transporte, o disponen de cualquier medio que facilite el negocio ilícito. Con ello, han logrado penetrar en los mandos militares, sobornando a oficiales de todas la jerarquías.

La droga en nuestro país, se ha convertido en la principal causa de los crímenes y delitos. Muchos delincuentes no están presos por drogs, pero las han usado para cometer un atraco, asesinar o violar mujeres.

Hay que hacerles un aumento a nuestros policías y militares, pero, especialmente a aquéllos que están en primera línea combatiendo el narcotráfico.

Me refiero a los miembros de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), institución  donde muchos de sus miembros han caído en el soborno de la mafia organizada de la droga.

Considero que un aumento de por lo menos RD$12,000.00 pesos mensuales, y de ahí en adelante, dependiendo del rango, nuestros agentes se sentirán con más valor para decirles no a los corruptores.

Las instituciones  donde menos corrupción existe, son aquéllos cuyos funcionarios y empleados ganan un sueldo más digno, y les alcanza para satisfacer sus necesidades  perentorias.

Consideró que el gobierno puede hacerles ese aumento a los miembros de la DNCD, ya que no son muchos a nivel nacional. Y  sería, además, una forma de combatir el narcotráfico, que, por cierto, nos está ganando la batalla.

Recordemos que no tenemos infiltrados en las filas del narcotráfico, pero ellos si tienen infiltrados en nuestras filas. Las debilidades son muchas, las que tenemos, pero podemos empezar por un aumento a nuestros agentes.

Atentamente,

Lic. Lorenzo Eduardo Torres

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Pleito en el PRSC
Señor Director: 

 Uno de los pleitos políticos del momento es el  escenificado a lo callado, a lo interno del desbaratado Partido Reformista. Héctor Rodriguez Pimentel, joven e irrespetuoso dirigente del partido que Balaguer dejó, porque le vino en ganas, al garete,  desea hacer bajar a su terreno a un hombre de las condiciones del actual Canciller de la República.

Rodriguez Pimentel quiere hacer rabiar a Carlos Morales Troncoso, sindicándolo como de sangre azul, y poniéndole otros epítetos, siempre entre bastidores, aunque tiene  personeros que envía de vez en cuando a la radio y la televisión a atacar al Canciller de la República, hombre que goza de la amistad y el respeto del Presidente de la República.

Y hablando del Presidente, en eso se parece mucho a Balaguer, aunque en otras cosas igual, deja que se maten dos miembros de su gobierno, uno con una estatura politica que el mismo Presidente ha reconocido cuando le invitó a ser su acompañante como vicepresidente en el periodo pasado, y otro que comienza, fogoso, engreído, esperaranzado en repetir él la historia de Leonel, sin entender que hombres como el actual Presidente, al igual que Balaguer, Bosch y Peña Gómez son irrepetibles, y que todavia no tiene la pegada ni es tan conocido para estar aspirando a sustituir a todo un liderazgo mayor, comenzando por Morales Troncoso.

La realidad, y eso lo dicen en las calles, y lo dicen los altos y medios dirigentes, es que Morales no le hace caso, y no se lo va a hacer, y el Presidente se ríe de sus aspiraciones y sigue con su aliado y amigo de siempre. Porque las cosas no son siempre como uno las quiere, sino como son, y punto, y no es verdad que con chismes baratos, con discursos irrespetuosos, con figuras dudosas en accionar, se puede construir un liderazgo ni llegar a la Presidencia de la República.

La paciencia es la mejor aliada de la inteligencia, y, en política, es de vital importancia. Mientras  eso pasa, el país se pregunta, con cierto dolor en algunos casos, si vale la pena estar en unos partidos donde algunos  dirigentes desconocen hasta sus propias potencialidades.

Atentamente,

 Arturo Macarrulla

El Nacional

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