Drogas en Azua
Señor director:
La República Dominicana es unos de los países del continente americano donde se preserva la convivencia humana y donde los índices de violencia registrados presentan números muy por debajo en comparación con algunos países del área. Esa es una realidad.
Ahora bien, si s ese sosiego y tranquilidad de que hoy gozamos no les ponemos cuidado y atención, a la vuelta de uno años vamos todos a perderlos.
Basta con observar como la conducta de las provincias y los barrios de nuestro país ha ido variando de forma paulatina hacia un comportamiento agresivo y delincuencial que, por la frecuencia de los casos, hace entender que algo raro está sucediendo en la República Dominicana.
Hay que decirlo con dolor y valor. Esto se debe en gran medida a que la mayoría de los muchachos de nuestros barrios en todo el territorio nacional están sumergidos hasta los tuétanos en el consumo de las drogas y esto explica en cierto modo el comportamiento violento de la sociedad dominicana. El consumo de drogas nuestro es tan alarmante, que sólo hay que escuchar los informes ofrecidos por el director de Hogares Crea Dominicano, y en particular del licenciado Leopoldo Díaz, para uno darse cuenta de la magnitud del problema de la drogadicción en nuestro país.
Confieso con honestidad que me entristecí cuando, estando en mi pueblo, Azua de Compostela, observé a jovencitos menores de 18 años que mercadeaban y consumían drogas en plena luz del día y delante de todo el mundo como si nada pasara.
Esto no tiene madre, me dije.
Mi descarga emocional fue tan devastadora y tan impactante ante aquella escena que, a pesar de que viajaba semanalmente a mi pequeña aldea, no he podido reanimarme para volver desde hace tres meses y 10 días.
Mi país está patas arriba como dice el camarada escritor Eduardo Galeano.
Cuidemos nuestro país, reforcemos la ayuda económica a los programas de prevención y uso de estupefacientes a nivel nacional para que no sigamos viendo nuestra juventud hundida en las drogas. No, por favor.
Atentamente,
Alberto Quezada
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Querer y poder
Señor director:
Obviamente que no es lo mismo querer hacer una empresa que poder hacerla. Nuestro país esta plagado de personas que no se sientan a analizar fríamente el sentido de la palabra.
¿Qué ocurre? Una persona de gran poder económico usa la expresión, por ejemplo: Fulano quiere ir a Higúey a visitar a doña Tatica, como mucha gente llama a la Virgen de la Altagracia, patrona espiritual del pueblo dominicano, ignorando siquiera, el origen desde cuándo se adora esa imagen y en que forma llegó a nuestro territorio.
Los aspirantes presidenciales de todos los partidos con posibilidades de llegar a la Presidencia, están madrugando, ya que inmediatamente el presidente Leonel Fernández Reyna juró nueva vez cumplir y hacer cumplir, aunque no lo hace, la Constitución de la República; están visitando barrios, pueblos, municipios, y ciudades.
Recientemente, uno de ellos visitó, junto a una nutrida comitiva, entre ellos algunos diputados, un sector de la provincia Santo Domingo y dijo más o menos lo siguiente: Aquí están varios diputados, al mencionar la nueva ley electoral, que quieren repetir. Pero, ¿podrán repetir todos los que anhelan eso? ¿Se habrán ganado con sus acciones durante el periodo que concluye, el mantenimiento de su popularidad que los llevó a obtener esa curul? ¿Por qué quiere un grupo de legisladores dar un golpe legislativo y extenderse el periodo hasta el 2012?
Sienten temor a someterse nuevamente al escrutinio del pueblo.
Mucha gente cree que el dinero lo es todo en la vida. Existen hombres y, al carecer del valor espiritual, son inmorales. De esta calaña los hay en todos los partidos de nuestro corrompido sistema.
El dinero es importante, y si se quiere primordial para muchas cosas, pero no lo fundamental en el desarrollo de la vida humana. Deberíamos estar claros en eso, sin embargo, la inversión de valores esta acabando con la Republica Dominicana. Ojalá los dominicanos logremos evitar caer en el colapso total. Aún hay Patria, diría un izquierdista por ahí.
¡Levantemos la República! Se nos va de las manos amén.
Atentamente,
Juan Terrero

