Opinión

Los lectores opinan

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¡Bien por el Cardenal!
Señor director:
El cardenal Nicolás de Jesús López y Rodríguez acaba de decir algo que, aunque repetido mil veces antes, sigue siendo una verdad diaria.

Dijo que el aborto es un golpeo a la familia, y de paso, calificó de inmorales e irresponsables todos los organismos, nacionales y extranjeros, que lo apoyan.

Su Eminencia, en este caso, es la clásica voz que clama en el desierto. Además, pidió que el país dedique todo el mes de noviembre en curso a una institución como la familia.

Entre el aborto y el asesinato no hay diferencias, porque ambos son previamente premeditados.

Me explico. Si alguien mata a otro en forma accidental, es homicidio, pero si lo hace premeditadamente, alevosamente, entonces es asesinato con todas sus consecuencias.

En este país no existe la pena de muerte ni siquiera por traición a la patria. Eso de “madre patria” pasó a la historia. Hace una semana, paseando por El Conde, me detuve en la esquina con la Palo Hincado. Y me asombré de ver un grupo de jóvenes de uno y otro sexo (no existen los de ambos sexos) mientras escuchaban, casi irreverentemente, las explicaciones que les hacía un profesor.

Y digo “irreverentemente”, porque una buena parte de los jóvenes se entretenía hablando entre sí, piropeando alguna muchacha y, lo que afincó mi idea de que el profesor estaba perdiendo el tiempo fue que ninguno de los estudiantes hizo pregunta alguna al profesor.

Pero algo hay que hacer para que este estado de cosas cambie.

Podría, por ejemplo, hacerse de la historia una materia “super básica”. Yo, en mis tiempos de estudiante, el álgebra, la geometría y la trigonometría me amargaban la vida. Pero en historia era un “cuarto bate” y así era conocido.

Ahora, su Eminencia el Cardenal es un “cuarto bate” en todo lo que se refiere a la religión, la familia y la patria. Sus palabras, sus advertencias, hay que escucharlas para evitar que la familia, y por ende la patria, tomen el camino equivocado, del que no se tiene regreso.

Yo soy un admirador del Cardenal. Es nativo de La Vega, como yo.

Atentamente,

Francisco Álvarez Castellanos

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Coherente, sí; coherenciar, no
Señor director:
La Real Academia Española de la Lengua no reconoce la existencia  del “verbo” coherenciar, usado frecuentemente por el ex candidato presidencial ingeniero Miguel Vargas durante su última comparecencia en la emisora  Z-101. Sin embargo, el uso de una palabra inexistente no es motivo para descalificar políticamente a un técnico como él, que nunca ha presumido de ser precisamente cultivador de la expresión oral o escrita ni de tener  ínfulas intelectuales. Vargas se ha proyectado más bien como un gerente eficaz y hombre de acción.

Amerita gran atención el anuncio hecho por el ex candidato en el sentido de que el obstáculo que presenta el estatuto del PRD para alcanzar sus propósitos sería derogado mediante el Proyecto de Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas que cursa en el Congreso. La afirmación del ingeniero Vargas  tiene un contenido jurídico que es necesario analizar oportunamente. Nada asegura que esa eventual ley facilite los propósitos del aspirante.

Otro elemento del anuncio hecho por el ex candidato contiene una carga política importante que no se puede perder de vista.

Observadores se han preguntado con qué fuerza cuenta el aspirante presidencial  para, mediante  ley, derogar una norma estatutaria, de carácter interno, considerada como una conquista por los perredeístas.

 Las fuerzas legislativas están en manos del partido de gobierno y no en las del partido de Vargas.

Lo de coherenciar no importa tanto, pero para los objetivos que persigue Vargas Maldonado es indispensable  ser coherente.

 Atentamente,

Antoliano Peralta Romero

El Nacional

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