Opinión

Los lectores opinan

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Reelección y retiro
Señor director:
Con la presente Constitución de la Republica, el presidente Leonel Fernández se retirará en el 2012 a los 59 años, tras ocupar el puesto durante doce años.  Si Barack Obama permanece en la presidencia de los Estados Unidos los dos períodos consecutivos [8 años] que le permite la carta magna de su país,  se “jubilaría” antes de los 60 años. Bill Clinton tuvo que retirarse antes de los 60, tras agotar dos cuatrienios. Honduras tiene en Zelaya,  un mandatario extraordinario, cuyo mandato no puede exceder un cuatrienio.

Balance actual traído a colación a propósito de las voces suplicantes que buscan impedir que el presidente Fernández, según ellos,  “pensionado  a destiempo”, meses antes de cumplir los 60 años, tras ejercer el poder supremo  durante  casi la mitad de su vida productiva.

 El argumento es esgrimido por seguidores del Presidente y comentaristas, más agradecidos que razonables y juiciosos.

Evidentemente, están preocupados por una jubilación temprana.  En el propio Comité Político del  PLD corre esta idea para modificar  las reglas en torno a la reelección presidencial.

Manifestación de eso es que el secretario de Juventud se atreverá a llevar ante el Comité Internacional de los Derechos Humanos para que a Leonel Fernández  no le sean vulnerados sus derechos como ciudadano dominicano, para elegir y ser elegido las veces que él y el pueblo deseen”. 

Ante tan brillante y novedosa iniciativa,  toca esperar que Zelaya, Clinton, Obama, Felipe  González y otros jefes de Estado en retiro hagan similar reclamación.  Chávez no tendrá ya  que apelar a ese recurso.

¿Adónde puede acudir un pueblo o un aspirante político, aplastado por los recursos despilfarrados con holgura por un mandatario dispuesto a perpetuarse en el poder?  Arrebatada la candidatura presidencial, Danilo Medina sólo atinó a decir, para que conste: “el poder me venció”.  No pudo hacer otra cosa  que esperar.

Aún en países con sólidas instituciones, la continuidad en el poder es administrada o controlada.

 Después de Franklin D.  Roosevelt (1933-1945),  el Presidente de los Estados Unidos puede ocupar ese puesto sólo por dos períodos consecutivos. México lo limita a uno y los Presidentes salen conformes, dispuestos a cooperar con quien lo releve. 

En un país como el nuestro, con un sistema educativo defectuoso y atrasado y tan alto índice de pobreza,  mover los hilos del poder es tan fácil y frecuente como convertirse en imprescindible.

La prensa,  ahora más corrompida y envilecida que nunca,  facilita cualquier proyecto continuista, manipulando y distorsionando la voluntad popular, mediante una cuestionable  faena  mediática.

Si la Constitución deja de ser un instrumento fuerte e inquebrantable, resistente a las veleidades e intereses pasajeros de los mandatarios de turno, debemos prepararnos para ver caer las demás instituciones, cual  alineadas fichas de dominó.

La Justicia será la primera en caer. Una Constitución a la medida,  reelección incluida, seria un tiro  de gracia a la democracia.

Ahora se habla de eliminar el “nunca jamás”  para posibilitar el retorno del actual mandatario en el 2016. Una suerte de reparto o  componenda  que involucra apenas a los  interesados. Los más osados, apuestan a la reelección indefinida. Oportunistas audaces y genios improvisados, armadores de toda suerte de artimañas, no hacen falta en estos predios. Disponibles al mejor postor han estado siempre.

Atentamente,

Eduardo Álvarez

El Nacional

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