Pensionados olvidados
Señor director:
Al correr los años en un puesto de trabajo, todo servidor aspira llegar a la pensión, y principalmente a la jubilación, beneficio que se adquiere por antigüedad en servicio. En principio, la gente recibe con alegría su retiro laboral al cumplir con esta condición, pero muy pronto añora estar en actividad.
Es que el pensionado y/o jubilado es olvidado por sus ex compañeros de trabajo lo mismo que por su patrono y por el Estado, que en las personas de sus gobernantes es muy mal agradecido, y poco le importa la vida del que está activo y menos del que se ha ido.
Por eso, el pensionado no disfruta, salvo escasas excepciones, de los beneficios de aumento salarial, planes de viviendas, y otros. Y ni siquiera recibe el calor solidario de aquéllos con quien compartió su fuerza de trabajo física o intelectual, a veces durante varias décadas.
Vale decir que, al pasar de la vida laboral activa a la pasiva nadie se interesa por usted, pues la solidaridad, la equidad y a veces la legalidad son letras muertas. En Educación, por ejemplo, el pensionado, que es aquél que interrumpe su vida laboral por enfermedad o cualquier incapacidad física o mental debidamente certificada por varios facultativos, queda obligado a someterse a una reevaluación de sus problemas de salud a cargo de un equipo de médicos que para esos y otros fines tiene Savica.
De ordinario, ese equipo aprueba el diagnóstico emitido por los médicos certificantes de primera mano.
Una vez ratificada la incapacidad para el trabajo productivo, INAVI o SAVICA queda legalmente comprometida a pagarle prestaciones, equivalentes a doce cuotas de mil pesos que son pagadas todas juntas o cuota por cuota. Sin embargo, es triste saber que esos pensionados pueden tardar hasta más de diez años para recibir parcial o totalmente los doce mil pesos que le garantiza la ley por su incapacidad laboral. Ejemplos: las señoras Luz María Martínez y María Jorgita de Suberví, quienes fueron pensionadas a finales de 2003, y aún no han cobrado ni una sola cuota.
Asimismo, los jubilados, por haber cumplido 35 años de servicio, deben recibir una cuota única de dos mil pesos, que, por lo general se quedan entaquillados en beneficio del Inavi, debido a que se requiere hacer un papeleo para solicitarla formalmente. Pero, ¿por qué no pagar esa cuota automáticamente a los jubilados como lo haría cualquier empresa privada en ocasión de cesantear a un empleado o empleada?
Tan evidente es la desidia y hasta el desprecio por los pensionados y jubilados, que la ARS Semma ha sido perjudicada por la Secretaría de Finanzas al no retenerle por nómina las cuotas que decenas de maestros y maestras en retiro, que cobran por Finanzas y no por Inabima, han dejado de pagar a su aseguradora.
Con su actitud, Finanzas pone en peligro los servicios de salud de muchas gentes, justo cuando más los necesitan. Dado que son costosos esos servicios y los medicamentos, los pensionados acuden mucho a su seguro.
Es un contrasentido desde el punto de vista humano que las autoridades del Instituto de Auxilios y Viviendas no muestren empeño por pagarle sus prestaciones a tiempo a ese necesitado sector.
Como se ve, este sector de ex-servidores públicos no sólo es olvidado sino visiblemente abusado.
Se les reconoce como ciudadanos valiosos y honorables mientras están activos pero se les desprecia, se les regatean beneficios y hasta son maltratados cuando pasan al retiro laboral por pensión o por jubilación. Es como decirles que después de explotarles su capacidad física e intelectual, laboralmente hablando, no sirven para nada.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
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Sangre y violencia
Señor director:
Ya uno está cansado de sangre y de violencia, pero no puede pedirles a los medios de comunicación que no reseñen hechos de este tipo, dado que ocurren con mucha frecuencia.
Es importante crear una cultura de paz, pero se hace a nivel familiar, con buena prédica y sobre todo con buenos ejemplos.
La inseguridad es un serio problema en esta sociedad, y el Gobierno y el sector privado deben colaborar.
Atentamente,
Raudo Sánchez

