Los 12 años de Leonel
Señor director:
Los 12 años de Balaguer fueron oprobiosos. Llenos de infamias y represión. Víctimas de esa etapa, nos invadió la incomprensión. Ánimos exaltados. No hay matices en la mente de un adolescente. Menos aún en una sociedad educada tanto para glorificar como para condenar. Maniqueísta, al fin y al cabo.
Una colectividad, tan cándida como extremista, quedó atrapada, irremediablemente, en estas turbulencias. Ideal caldo de cultivo de escándalos y rumores. La prensa hizo del sensacionalismo su mayor instrumento de penetración, cuando no de crecimiento. Somos el resultado de esto. No cabe duda.
Balaguer había trazado un programa de construcción tan inmenso como incomprendido. Pasado el tiempo, hemos visto que los asesinatos y la represión se encargaron de opacar y deslucir la impronta física y social que dieron vigor y permanencia a la figura del caudillo reformista.
Quienes nos hoy gobiernan, incluyendo al presidente Leonel Fernández, condenaron tenazmente esos 12 años. ¿Qué adolescente o estudiante no lo hizo entonces?
Sentados en la misma silla, han calzado sus botas.
El crimen, la violencia, el narcotráfico, la incapacidad para solucionar los problemas sociales, los afanes clientelistas y un asistencialismo humillante parecen calcados, sin alteraciones, de la bitácora de aquélla docena de años.
Con el agravante de que estos 12 años de Leonel transcurren sin que se perciba en él la menor preocupación por los problemas nacionales, a saber, la educación, la salud, el medio ambiente, la salubridad, los municipios con sus problemas locales y cotidianos. En vez de llevar comida, vestido y educación mete computadoras y redes telefónicas en lugares donde la indigencia más extrema deja sus huellas.
Pasarán estos 12 de Leonel, llenos de violencia, sangre, luto, hambre e inseguridad como aquéllos transcurridos hace 3 décadas. Mientas Balaguer levantaba toda la infraestructura energética y de riego en medio de condenas y protestas, Leonel se empeña en ejecutar un programa de trabajo tan individual como social y económicamente inútil, ajeno a las prioridades de la nación.
En un país pésimamente calificado en todos los foros y organismos mundiales autorizados, el actual mandatario impone, sin consultas ni estudios, un sistema ultramoderno de transporte infinitamente distante de las necesidades que nos mantienen rezagados y atrapados.
Competimos en pésimas evaluaciones con los países más pobres de la región, con la deferencia de que los dominicanos, además de ser victimas de tales injusticias, carecemos de los medios que nos den acceso efectivamente a las informaciones sin matices. Los periodistas, en su gran mayoría, son cómplices de la falta de sinceridad y transparencia, por tanto del espantoso engaño a que está siendo sometida nuestra sociedad.
Por tales inobservancias u omisiones, se replican los 12 Años con los mismos males e injusticias se multiplican [un alto funcionario llega a ganar el salario de mil obreros sin el menor rubor].
La corrupción de Balaguer es ahora una mega corrupción. ¿Tendremos que acudir al Oráculo de Delfos para poner fin a tales replicas? Milagros no hay. Sólo elecciones y votantes para reafirmar males, cual planta recalcitrante, o para enderezar entuertos. Por supuesto, con el debido permiso del poder mediático y los incorrectamente aplicados recursos del Estado.
Atentamente,
Eduardo Álvarez
pie Leonel Fernández y Joaquín Balaguer
