Opinión

Los lectores opinan

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Trabajo y migración
Señor director:
Muchas de las situaciones difíciles y conflictivas en la República Dominicana, han sido creadas mediante la práctica cotidiana del dejar hacer y dejar pasar en lugar de  actuar antes de que la situación se desborde y se torne crítica.

Es de esta naturaleza la situación creada con la  mano de obra dominicana que, en materia de albañilería ha sido suplantada  casi por completo por albañiles haitianos. Reiteradas veces se ha denunciado este hecho.

Por lo general, a estas denuncias se les da un despliegue con tinte  sensacionalista, y se crean expectativas de solución, pero, pasado un tiempo breve, se olvida todo con la misma fugacidad  que tienen algunas modas.  La ley laboral dominicana establece una proporción de un 80% de mano de mano de obra local, y un 20% de mano de obra extranjera, pero en el área de la construcción la situación es tal, que se habla de un 9o%  de haitianos. Aunque no existiera la ley, por tratarse de un asunto tan aplastante en un país de alto desempleo, se pone en evidencia el poco rigor con que las autoridades han visualizado y manejado el asunto.

En meses recientes volvió a hacerse la denuncia, y el secretario de Trabajo se pronunció, argumentando – entre otras cosas – que no había recursos para aplicar lo establecido por el Código Laboral Dominicano.

  Se impone que aun  a sabiendas  de que, el 80/ 20 no puede aplicarse  de un jalón, al menos  se tenga  en estos momentos  la certeza  de saber si el asunto ha vuelto a sepultarse, si se  trabaja en alguna fórmula viable,  si el sector construcción tanto estatal como privado se está planificando para actuar en función de la ley, y además de todo esto, ¿cuáles medidas se están tomando en otros sectores laborales que van trillando el mismo camino?

El secretario de Trabajo tiene la oportunidad – si es que está interesado –  de ir poniendo en orden la casa.

 Frente al desplazamiento de mano de obra dominicana, debemos tener una mirada circular, pues no son sólo los haitianos y haitianas, aunque  representen  la migración más numerosa.

Otro caso  es la  cubana. Todo el mundo lo sabe, pero pocas personas se animan a hablar de esto, debido a los afectos comprometidos, al miedo y a la timidez.  Los y las cubanas en sentido general tienen calificación y habilidades en diferentes áreas, mas, de lo que se trata  es de que somos un país donde los empleos escasean, y, por un asunto obvio, sólo en situaciones extremas debe preferirse una persona extranjera frente a una dominicana.

La cada vez más numerosa presencia  de personas procedentes de Cuba, Colombia, Nicaragua, Perú, Argentina, entre otros lugares, en nuestro país, son fenómenos sociales, humanos, y forman parte de los movimientos  migratorios, pero a cada país le compete poner claras las reglas.

Si no se garantiza  protección laboral  en el territorio, ¿qué  se puede esperar?  A  tiempo estamos de corregir ciertas  distorsiones.

Recientemente pude observar en la Secretaría de Obras Públicas, un video mediante el cual se instruía para la prevención de accidentes y el manejo vehicular correcto, pero  sucede que los las actuantes, no eran rostros dominicanos, estos fueron sustituidos en su propio territorio por personas de otra nacionalidad, presumo que eran de Colombia.

 Cualquier persona  ingenua, puede pensar que en este país no hay capacitación en esta área, pero ocurre que las escuelas de locución, las de teatro y las escuelas  para modelo, están ahí capacitando.

Otra modalidad de desplazamiento, es la que aplican muchos empresarios artísticos que traen artistas de otros países, y no quieren colocar la contraparte dominicana. ¿A cuál corte acudir ?.

Lo que estamos esbozando en estas líneas, no significa de ningún modo  desdeñar la mano de obra extranjera, pues sus aportaciones en diferentes áreas, son un hecho, están ahí, además el intercambio cultural es un progreso para la humanidad, sin embargo, a lo que apelamos es al respeto a la ley laboral. 

Atentamente,

Melania Emeterio Rondóne

El Nacional

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