Opinión

Los lectores opinan

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Legalización suprimida
Señor director:
Tenemos suficientes motivos para celebrar con alegría y entusiasmo la adhesión  de  nuestro país  a la Convención para Suprimir la Legalización  de  los Documentos Públicos Extranjeros [Convención de la  Haya  sobre la Apostilla], suscrito en la Haya, Holanda, el 5 de octubre de 1961.

La Secretaría de Relaciones  Exteriores, en la persona de  su titular,  Carlos Morales Troncoso,  es digno de un cálido aplauso por el regalo de Navidad que trae al sector comercial y productivo por tan significativo paso.

Depositaria del instrumento de adhesión, el  Ministerio  de Relaciones Exteriores de  Holanda, según lo dispone el artículo 12 de dicha convención,  da fe del Honor Nacional y solvencia moral de la República Dominicana, por lo menos en materia de comercio internacional.

Quienes hemos tenido la necesidad de bregar  a diario con una diversidad de documentos a ser legalizados para dejar cerradas operaciones que, por demás,  conllevan fatigantes procedimientos de  compra y venta, sabemos lo que significa justamente  el referido acuerdo anunciado por el canciller Morales Troncoso.

Miles de personas desfilan a diario, en interminables colas, en la Cancillería,  la Procuraduría General, traductores legales, notarías, consulados y representaciones comerciales gestionando apostillar actas de nacimiento, matrimonio, defunción, divorcios, constitución de compañías, affidávit, antecedentes  penales, cartas de deudas,  actos de poderes,  contratos de compra y venta,  diplomas universitarios, facturas, patentes, marcas,  naturalizaciones, pasaportes, entre otros papeles imprescindibles en respectivos trámites.

Ser parte de  la Convención de la Haya sobre Apostilla nos libera  de costosas y agostadoras diligencias  de legalización, en las que no pocos funcionarios, empleados y “gestores”  se quedaban con una buena parte de los gastos empleados para tales fines.

Toca ahora a la Cancillería dar a conocer cuáles son los países signatarios de este convenio así como difundir ampliamente sus ventajas  en las oficinas receptoras,  emisoras y facilitadoras de todo tipo de documentos que hasta ahora tenía que ser apostillados o cerificados en los organismos y oficinas arriba indicados.

Toca ahora a la ciudadanía velar por su fiel cumplimento, así como honrar y respetar tal prerrogativa. De ese modo, dar las gracias   al canciller  Morales Troncoso por este oportuno y valioso regalo de fin de año.

Atentamente,
Eduardo Álvarez

***

Ridiculez
Señor director:
Uno de los tantos generales de este país, me refirió cuán difícil resulta para él ver el color blanco de mi chaqueta, atuendo que usé en señal de luto ante el féretro de inmortal Don Mario Álvarez Dugan (Cuchito).

Si es cierto, de seguro que sufriría un infarto si alguna vez asiste a la Asamblea Nacional cuando los legisladores, todos, tienen que exhibir vestimentas blancas como demanda el protocolo.

Pero más aún, mi apreciado general sufriría una trombosis cerebral, si acude a algún acto de nuestra gloriosa Marina de Guerra, al ver todas esas “garcitas” blancas desfilar por la Base Naval 27 de Febrero de San Soucí.

 ¿Usted se imagina ese desparpajo? Estamos seguros que el alto oficial de marras no come arroz, porque la mayoría es de color blanco. No se arropa con una sábana blanca…

Ahora bien, este señor debería acudir a todas las ferreterías del país y retirar de inmediato todas las latas que lleven el claro color.

Bueno… Explicaremos: durante el período 1996-2000, que gobernó el presidente Leonel Fernández Reyna, laboramos en el desaparecido vespertino La Nación y entre otras fuentes del Centro de los Héroes, cubríamos el área de Justicia, es decir, Suprema Corte, Procuraduría General de la República, Dirección General de Prisiones, en fin, todas las dependencias de ese Poder del Estado que funcionan allí. En uno de esos departamentos el alto oficial fue incumbente, y cultivamos una “amistad” que yo creí auténtica.

Durante el velatorio del maestro de maestros, Don Álvarez Dugan (Cuchito), como editorializó El Nacional, tras la muerte del insigne periodista, nos tocó asistir con una chaqueta blanca por razones del momento; pero tal situación parece molestó al general en cuestión, quien no sabíamos nosotros tenía poderes para influir en el modo de vestir nuestro.

¡Barbarazo! ¿Y por qué? Nos encontramos de frente o quizás, este señor actuó con las tres agravantes del delito, ya que su expresión surgió cuando salía de la Capilla luego de haberme mirado de reojo a su ingreso al lugar. 

Después del breve encuentro en la Funeraria Blandino, comentamos con el reportero  Adalberto De la Rosa, quien se encontraba a nuestro lado y expresó: – Está fuerte eso. Y es así.

 Atentamente,

Juan Terrero Pérez

El Nacional

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