Contra el aborto
Señor director:
El Cardenal de la lucha por la vida, Nicolás de Jesús López Rodríguez, honra a su país y alerta al mundo con valiente y temprano enfrentamiento a un primerizo decreto del recién instalado presidente Barack Obama.
Extraña la decisión de Obama, quien al enfrentar la complicada y enmarañada problemática nacional y mundial se fija en lo que es una gota en el océano de sus responsabilidades y levanta la prohibición para el uso de fondos federales destinados a programas que favorecen el aborto.
¿Por qué ya? ¿Por qué tan pronto? ¿Debido a qué intereses? ¿Quién lo presiono con tal fuerza? ¿El cartel de productos abortivos?
El Cardenal, con su característica fuerza de expresión llama a la decisión promotora de la muerte.
Efectivamente, desde el inicio de la fecundación, se posiciona allí mismo un principio vital externo que dirige el desarrollo humano del embrión hasta su plenitud y nacimiento a la luz. Si el principio vital no fuera nacional, tampoco su producto.
Por tanto, cualquier espécimen que destruya el ser recién formado es un arma homicida. Y los que las usen, facilitan y promueven son totalmente asesinos.
Y no queremos en los estados Unidos otro presidente asesino después del fatídico belicista antecesor de Obama.
No se diga que nadie sabe con certeza cuando el principio vital, que llamamos alma se infunde en el óvulo fecundado, porque basta la probabilidad de su presencia para detener el vehículo criminal.
De igual manera, la presencia probable de una persona adulta tras el manto de la oscuridad debe detener un arma letal.
Nadie en su sano juicio puede asumir la fatal responsabilidad de disparar por equivocación y matar un ser humano y matar un ser humano. Y Obama, paladín en su país contrario de la discriminación, promueve la acción abortiva en forma discriminatoria contra el vientre en países en vía de desarrollo en América Latina, Asia y África.
Contundente afirmación la del Cardenal dominicano, que honra a la Iglesia Católica, cuando fustiga a Obama y le increpa que ésa no es forma de iniciar la reconstrucción moral de los Estados Unidos.
Nuestra felicitación y apoyo total.
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque
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El PRD
Señor director:
El peor problema que puede ocurrir en un partido es que todos sus dirigentes quieran ser líderes únicos.
Es lo que está ocurriendo en el Partido Revolucionario Dominicano, que es la organización de mayor tradición en la República Dominicana.
El PRD es un partido grande y sus dirigentes, como todos quieren ser grandes, buscan crecer a costa de él y, lejos de lograrlo, lo están haciendo pequeño y se empequeñecen ellos mismos.
El daño es también para el país y para la democracia dominicana.
Uno quisiera, en estos momentos, encontrar a quién llamarle la atención, si a Hipólito Mejía, a Miguel Vargas, a Ramón Alburquerque, a Orlando Jorge Mera o a otros dirigentes de menor jerarquía pero que a veces suenan mucho más.
Lo cierto es que el PRD se hace daño a sí mismo, y sigue mostrándose como un partido de masoquistas. Se queda aislado en procesos en los cuales debería ser protagonista, y a veces parece que se ha resignado a ser cabeza de ratón, pues hasta con los grupos radicales de izquierda se junta.
No está haciendo, pues, una oposición consciente, una oposición que aporte al país y que le allane el camino para volver al Palacio Nacional en poco tiempo.
En un partido, no puede existir el pugilato que hay en el PRD, porque se puede destruir.
Es una advertencia.
Atentamente,
Julia Casilda Castillo

