Opinión

Los lectores opinan

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Aprender abre caminos
Señor director:
Es indudable que una buena educación es imprescindible para lograr el desarrollo de una sociedad. Es el motor que impulsa todo progreso, pues nos permite adquirir el justo sentido del deber y conocer nuestros derechos. Lamentablemente, tanto la familia como la escuela han perdido los tesoros de valores propios de su identidad.

Se ha incrementado el abandono de las escuelas y, por lo tanto, la ignorancia, que, en definitiva, es la raíz de todos los males sociales.

En tal sentido, es justo reconocer y a la vez felicitar a la senadora Cristina Lizardo por su programa de alfabetización “Aprender Abre Caminos”. En la primera fase se graduaron 1,345 alumnos, los cuales han traspasado la oscura barrera de la ignorancia, adquiriendo la luz del conocimiento que les permitirá convertirse en ciudadanos y ciudadanas ejemplares para sus hijos y también para sus comunidades.

Así se hace patria. Aunque el Gobierno es el principal responsable de proveer los medios para que la población reciba una educación de calidad, no por ello debemos quedarnos con los brazos cruzados, mirando desde la ventana cómo aumenta la criminalidad por causa de la ignorancia.

En efecto todos debemos unirnos a esta iniciativa de la senadora, especialmente los demás congresistas, los empresarios, los medios de comunicación y las iglesias, ya que el liderazgo debe  cumplir una labor de bienestar social.

La educación es el medio más práctico y eficaz para enfrentar y combatir el aumento escalofriante de la delincuencia. Se ha demostrado que la llamada política de “mano dura” no ha dado resultado. Al contrario, ha servido de estímulo al irrespeto por la vida.

Vivir debe ser un esfuerzo constante para mejorar. Debemos aprender cada día más para ignorar menos. Sin una buena educación y oportunidades laborales, nuestra juventud, y por lo tanto el país, no tiene futuro. Hace falta más que el esfuerzo del gobierno para impedir que nuestra juventud continúe descarriándose. Es muy triste ver adolescentes con tan sólo 13 y 14 años con prontuarios delictivos. Esta realidad debería conmover la conciencia nacional y motivarnos, para que dejemos la indeferencia, ante tanta criminalidad.

José Ingenieros, en su obra El Hombre Mediocre, escribió: “Si observamos cualquier sociedad humana, el valor de sus componentes resulta siempre relativo al conjunto; El ser humano es un valor social. Cada individuo es el producto de dos factores: la herencia y la educación. La primera tiende a proveerle los órganos y las funciones mentales; la segunda el resultado de la múltiples influencias del medio social. Esta acción educativa es por consiguiente una adaptación de las tendencias hereditarias a la mentalidad colectiva.”

Atentamente,

Lic. Elías Samuel Rosario Mata

 

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Un código de comunicación
Señor director:
Yo pregunto: ¿Por qué comunicadores del espectáculo y algunos productores de espacios radiales y televisivos, de modo rabioso, piden que cierren la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Rafiofonía, CNEPR, por ésta ser inoperante y trujillista?

Pienso que, en lugar de esa petición, lo que deberían hacer es solicitar públicamente al  Presidente de la República que le exija a la Comisión que él mismo creó, que termine de una vez por todas de realizar el trabajo que le fue encomendado, la redacción de un Código de Comunicación.

Dicho sea de paso, ya llevan más de tres años y aún no han dado a conocer nada.

La solución no es pedir que se cierre la CNEPR, sino que se modernice. Es con instituciones modernas que tenemos que enfrentar la vulgaridad, la violencia verbal y el mensaje abierto al consumo de las drogas que tienen algunas letras de reguetones. Cristo nos ama.

Atentamente,

Soraya Encarnación

Estudiante de Comunicación Social

El Nacional

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