Basta ya de disparates
Señor director:
Inoportuno y vergonzoso nos parece el vandálico espectáculo del pasado sábado en el Parque Enriquillo recién hermoseado por el ADN.
No nos referimos a la manifestación popular que impulsada por organizaciones políticas y comunitarias es fruto evidente del ambiente democrático que disfrutamos de libre expresión y libre tránsito. Aunque les falto un requisito legal.
Pero destrozar retratos de gran tamaño de políticos, ya eso es un acto de vandalismo.
Y no consigue el propósito de los manifestantes, sino que lo daña.
Pero, sobre todo, no se ve sentido a los zapatazos. Usted puede estar en acuerdo o no con el Presidente Constitucional, elegido por mayoría de votos, o con los políticos en general, o con todo el sistema democrático, como parece ser la intención prevalerte y subyacente. Y puede y aún debe manifestar su desacuerdo para que la ciudadanía abra sus ojos ante las actuaciones de gobernantes y políticos en perjuicio de la nación. Pero lo que no se puede es destruir imágenes pagadas por el sudor popular.
Pero, además, el presidente Fernández Reyna todavía no ha masacrado la inocente población civil ni destruido sus viviendas ni instituciones públicas como hizo el ex-presidente Bush en Irak para merecer una zapatazo.
Ni la destrucción de su imagen en un parque público. Ni la de los otros políticos. Esos grupúsculos se autoproclaman representantes del pueblo pero nunca han ganado una elección popular.
Algunos, ni siquiera un voto.
Se proclaman dirigentes populares pero no conocen ni el pensamiento ni los sentimientos del pueblo. El pueblo, por naturaleza, rechaza el desorden, la destrucción, el alboroto desorganizado y, no solo por su profunda ética comunitaria y su hondo sentido de solidaridad mutua, sino por un cauto temor a que el desafuero acabe de destruir su debilidad.
El gremio médico que en forma inane se declara representante de su clase, parece desconocer el daño que le hizo a sus loables propósitos la huelga en los hospitales. El pueblo entero la rechaza.
Sobre todo los más humildes que son la mayoría de la población y los que acuden en mayor número y con más frecuencia a los hospitales en busca patética y urgente de remedio para sus entuertos de salud. Y los rechaza una huelga médica.
El Senado brinca de un sector a otro de donde sacar para alcanzar el merecido aumento a los salarios de los médicos pero cada sector esgrime validas razones para no aportar y en su interior lo rechaza asqueados por la huelga médica.
Incluso el pueblo que lee la prensa goza en silencio al constatar el fracaso de cada propuesta porque odia el método de la huelga hospitalaria.
Los chóferes producen paros que no hacen daño a la autoridad ni mucho menos al boyante y veloz Metro nutrido de pueblo trabajador sino al ciudadano que paga día a día, tramo a tramo, su carrera para proveer del sustento a los chóferes y sus familias y se ve traicionado por un paro sorpresivo que impide su traslado oportuno a su trabajo, al colegio de sus hijos, o a su esparcimiento.
¡Qué dirigentes tan incoherentes que actúan contra sus propios fines!
Basta ya de disparates.
Basta ya de huelgas. Basta ya de agresiones contra el pueblo.
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque
