Opinión

Los lodos  de la impunidad

Los lodos  de la impunidad

El evidente protagonismo de un mayor de la Fuerza Aérea en el asalto a la empresa Parmalat, opacó los escándalos registrados en Bonao y Puerto Plata por la revelación de que dotaciones policiales completas ofrecían servicios diversos al narcotráfico. En la matanza de Paya, ocurrida en agosto pasado, oficiales superiores de la Marina y de la Policía fueron mencionados por testigos presenciales…  ¿Cuánto tiempo hace que desde el sistema político y desde el aparato ideológico se intenta justificar la cuantía de ciertas fortunas? El laisser faire es sólo un disfraz de la complicidad.  

Puesto en retiro e interrogado acerca de la procedencia de su fortuna, el general José de los Santos dijo que “a todos los generales nos hacen regalos”. Poco después, el mayor general Pedro de Jesús Candelier, recién confirmado como jefe de la Policía Nacional, dijo haber recibido como regalo de tres empresarios una villa en el complejo turístico Casa de Campo. Esto ocurrió a finales del año 2000, y no fue objeto de investigación. 

Para el ex presidente Hipólito Mejía, eso era natural. En forma muy natural él andaba en un vehículo  donado por un influyente banquero. Para quien fue su antecesor en el año 2004 y en el 2004 su sucesor, esto emana de la naturaleza de un sistema político que él tiene por misión aceptar y no cambiar. ¿O acaso Leonel Fernández no sido cubierto en su ejercicio por la misma manta?

Hipólito Mejía y Leonel Fernández son sucesores y discípulos de Joaquín Balaguer, quien reafirmó su liderazgo en los grupos militares repartiendo impunidad. Así, utilizando la fuerza contra campesinos pobres y pequeños propietarios y sobornando a funcionarios, altos oficiales adquirieron fincas y propiedades urbanas, además de ordeñar el erario para hacer rentables sus empresas.

Indignación podrá causar, pues, pero no asombro, la constatación de que el sicariato y la asociación de malhechores toman cuerpo en el seno de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

 Esto crece hasta hacerse inocultable, porque el peligroso juego continúa. Los dirigentes del sistema político siguen apostando al descaro. La clase dominante sigue utilizando a los exponentes de la “mano dura” (la mano que nunca se considera llena). Estos “servidores” se aposentan en los cuerpos armados y se instalan en organismos como la Dirección Nacional de Inteligencia y la Dirección Nacional de Control de Drogas. Hace 7 años, el sicario Carlos Everstz Fournier mostró teléfono y carnet de la DNI y desde ese organismo se dijo que no era posible despreciar  colaboración alguna. ¡Infeliz argumento para cobijar sicarios!

El reciente asalto a la empresa Parmalat fue dirigido por oficiales. El alto mando militar  intenta lavarse las manos prometiendo sanciones y el alto mando policial monta un sonoro espectáculo presentando a la Policía  como la institución que, lejos de ser el centro de operaciones de los villanos, aporta los héroes. ¡Las luces del escenario se apagan con un soplo!

Desde el Estado y desde la clase dominante se crea ideología y se aplica una política de coerción social. Pero los ejecutores están dotados de capacidad para trabajar también en su propio beneficio.

El sistema político ha encargado a la Policía Nacional, de facto,  ejecuciones extrajudiciales que son presentadas como intercambios de disparos. Los reconocimientos recibidos por Candelier y por el actual jefe, Rafael Guillermo Guzman Fermín, son reveladores. ¿No es eso, además de monstruosa práctica, caldo de cultivo para otras acciones?

El autoritarismo cobra. Y esta vez lo hace levantando el velo de la podredumbre.

El presidente Leonel Fernández afirmó recientemente que se necesita una depuración en las Fuerzas Armadas y en la Policía Nacional. Hay que decir que se necesita mucho más que eso. Y es deber de conciencia reclamar que el propio Presidente despoje de la condición de intocables a oficiales que le han dado apoyo político. Igualmente, a ciertos colaboradores civiles a quienes siempre premia.

Si continúa la impunidad, si el Ministerio Público y el Presidente siguen cerrando los ojos ante la ostentación de ciertos oficiales y funcionarios civiles, toda acción contra el crimen será grotesca farsa, y toda promesa será palabrería… Y, en verdad, de eso ya basta.

El Nacional

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