Joaquín Balaguer hizo su campaña electoral del año 1986 rodeado de jóvenes, jóvenes que en horas de la noche copaban el malecón. El mensaje era muy fácil de leer: “No vuelvo con los militares matones de los 12 años.” Aunque fuese un ejercicio de demagogia del caudillo, su estrategia tuvo resultados positivos.
Leonel Fernández parece que no se detuvo a pensar en la lectura que se le daría a una reunión con decenas de generales retirados. Sólo quería demostrar fuerza militar y policial a Danilo Medina (que no es verdad que un general retirado tiene tal fuerza), sin valorar la interpretación de la opinión pública a esa reunión, sobre todo los jóvenes dominicanos, los nuevos electores.
No es verdad que esos generales estén preocupados por niveles de inseguridad que algunos de ellos contribuyeron y siguen contribuyendo a elevar desde la sombra. Todos tienen su seguridad personal y cuando vienen al país, los que todavía tienen visa, pues a otros les fue cancelada, permanecen en villas y en grandes hoteles. No es verdad tampoco que ameriten aumento de sueldo como planteó Leonel en su discurso, pues todo el que pasa por la jefatura policial sale multimillonario. (Dos o tres serían la excepción).
La única motivación de la mayoría de esos tenebrosos sujetos es la reintegración para recobrar poder e incrementar fortunas. Todos son generales balagueristas que se mudaron al PLD, por afinidad política histórica, y también se observó a uno que otros tránsfugas, como es el caso de Pedro de Jesús Candelier, tan o más partidario de la fuerza y de los excesos que Guzmán Fermín.
Ningún aspirante presidencial puede darse el lujo de rechazar apoyo, pero no todos los apoyos se publicitan porque hay suma que también generan resta. Y para un hombre como Leonel Fernández, con una imagen pública tan desgastada, posiblemente no era conveniente dar la cobertura periodística que dio a un acto con decenas de generales de triste recordación, muchos de los cuales tienen su cementerio aparte.

