Opinión

Los Mineros, El Cacao, La Colonia

Los Mineros, El Cacao, La Colonia

Rememoración de sentimientos, alegrías y lágrimas de Los Mineros a mis idolatrados hermanos  Teté, Ana Luisa, Sonia, Siria y Nelson Roberto, dignos y honestos como nuestra abnegada madre.

Los Mineros mantiene su grandeza moral, tierras y ciudadanos, aunque por problemas de la naturaleza ha mermado su producción de café y frutales, así como también muchos de sus hijos se han trasladado en busca justificada mejor modos de vida a San Cristóbal, Baní, Ocoa, el extranjero, sustentando el trabajo y la honradez como principios fundamentales.

El Cacao esplendoroso ha progresado un poco. Se mantienen sus tradiciones y la laboriosidad de sus integrantes, pero hace falta mas empuje y menos olvido gubernamental.

La Colonia es un lugar  donde se respira aire y frescore y dese donde  se ven las luces de Santo Domingo.

Allí pernocta mi  amigo, el jurista Adrianito Uribe, entre tantas y tantos ciudadanos ejemplarizantes.

A mi regreso, luego de la estancia en Los Mineros por 8 años, mi adorada tía, insigne profesora  Luz Nina Vda. Peña, le expresa a su  hermana Bombala: “vine a buscar a mi hermano Domingo para que continúe sus  estudios”, trasladándome a la Av. Constitución 59 de la ciudad de San Cristóbal.

¡Qué gesto tan extraordinario  el de mi tía, hoy madre espiritual luego del fallecimiento, hace 23 años de mamá! Allí junto a ella y su esposo  Francisco Peña, me reencuentro con mis primos Frank, Ulda, Enoc, Ruth y Domingo, hoy  prestigiosos profesionales, quienes siempre me han tratado con cariño, amor y respeto, y con otros primos y familiares y sinceros amigos, y volví a visitar también mis grandísimos tíos Celeste, Luis, Ninina, Gambao, Pingui, Badó, Vitico, Bulum, Thelmay la inmensa Gloria, donde pasé 5 años en su residencia en San Carlos, mientras estudiaba en la universidad, para allá escribiré muy pronto sobre mi estadía en la 16 de Agosto y Peña y Reynoso 19.

Los Mineros, es parte de la historia de mi vida, y pienso en personas y amigos que llevo en las reconditeces del alma, y como es imposible mencionarlos a todos, señalo a Guillermo Mejía, Jesús, Ambrosio, Lolo, Mercedes y Agustín Meja, a Ricardo Fuster, Ramón Nivar Aguasvivas,  Manilo Núñez Gerónimo, Luis Bun Martínez, Memo Nivar Aguasvivas, Luis,  Darío, Gil y Vica Gerónimo, José y Miguel Chalas y familiares, Los Martínez Mateo, Montás, José Santana, Del Villar, Zoquiel, Ruiz, Agusvivas, Juliana, Chichi, y Bethania Núñez y familiares, estas últimas cuatro en San José de Ocoa.

Si Jesucristo me lo permite, pronto volveré de nuevo a visitar La Colonia, El Cacao y Los Mineros, a abrazar y llorar junto  a tantos amigos y personas que todavía residen allí.

Además, visitar la escuela de El Firme y otras, el cementerio, escuchar las notas de sus pajarillos, talvez el barrancolí, y besar la tierra en Los Mineros de mis ensueños, porque, como dijo Duque de Rivas: “el ser agradecido, la obligación mayor es para el hombre bien nacido”. Recordar es vivir y soñar.

El Nacional

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