Opinión

Los niños pedigüeños

Los niños pedigüeños

Michell y Samuel son dos hermanitos haitianos de seis y ocho años respectivamente, cuya tarea, asignada por Nicole, su madre, es pedir a los conductores que paran en el semáforo de la avenida Ortega y Gasset con John F. Kennedy.

Como ellos, hay decenas de niños haitianos en las esquinas de mayor movimiento de vehículos. Nadie en este país, ni  el exterior desconoce la realidad social y económica de los haitianos, como tampoco el mundo es ajeno a lo solidarios que hemos sido los dominicanos.

Como nación, hemos albergado a más de medio millón de haitianos, que poco a poco han desplazado a los dominicanos de la economía informal, construcción y hasta de la “honrosa profesión de pedigüeños”.

El drama de Michell y Samuel es una tragedia, pero las autoridades no pueden ni deben seguir haciéndose de la vista gorda ante un problema que se expande como la verdolaga.

No creo que la solución es la repatriación de los niños, pero si la localización de sus padres, siempre ocultos cerca de la zona de “trabajo”, y someterlos a la justicia por explotación infantil.

En junio pasado, el director de Migración, vicealmirante Sigfrido Pared Pérez, anunció que junto a las Fuerzas Armadas, el Cesfront, Amet y Conani realizaría un operativo para sacar de las calles a los niños pedigüeños.

Pero este anuncio se quedó en los medios.

El anunció del plan de Migración se hizo en ocasión de del Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, esperamos que este año se produzca un anuncio similar, con resultados similares, que es igual a ninguno.

Como todas las cosas en el gobierno, será necesario esperar presiones exteriores para que las autoridades actúen frente al problema.

Estos niños no son responsables de sus acciones, pero hay adultos que sí, y son éstos a los que las autoridades deben pedir cuentas ahora, para que en el futuro el problema no se torne incontrolable.

El Nacional

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