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 Los niños prisioneros de la vendetta en Albania

 Los niños prisioneros de la vendetta en Albania

MAZREK, Albania, 26 Set 2013 AFP. – A sus nueve años, Nikolin y su hermano Amarildo, de 12 años, casi nunca han salido de su casa y este año, una vez más, no podrán ir a la escuela. Como ellos, este año en Albania cerca de 600 chicos no pudieron ir a la escuela por la ‘vendetta’, una costumbre que se remonta al siglo XV y que establece la «venganza de la sangre por la sangre».

En Mazrek, un pueblo perdido en las montañas, a 150 km al norte de Tirana, Nikolin y Amarildo pasan el tiempo en una pieza fría en la que la luz del día apenas se hace ver a través de dos pequeñas ventanas con rejas de hierro.

Ahí es donde se refugiaron para escapar a la muerte, aunque ellos no habían nacido cuando su tío mató a un vecino durante una disputa en 1993. El tío fue condenado a 25 años de prisión, pero para la familia de la víctima esto no es suficiente.

Ese incidente causó varias víctimas en los dos campos y los dos niños podrían ser los próximos en la espiral infernal de esa venganza que no perdona a ningún miembro masculino de la familia, cualquiera sea su edad y su parentesco con el autor de la muerte.

«Afuera nos acecha la muerte», murmura Amarildo, cuyos únicos compañeros, además de su hermano con quien comparte su destino, son las fotos de sus familiares muertos colgadas en las paredes de su casa.

Nikolin y Amarildo ni siquiera pueden salir a jugar, porque su casa está situada a apenas una decena de metros de la de su amenazante vecino. Hace algunos meses disparó sobre la casa pero el padre de los niños respondió a los tiros.

Sin poder soportar más esa vida, Vjollca, la madre de los ‘prisioneros’, se suicidó hace menos de una semana. Tenía 29 años.

«La encontré ahorcada en el desván», recuerda Amarildo, sin poder contener las lágrimas.

Para las exequias, la familia vengadora sólo concedió tres días de tregua.

El único contacto con el exterior de los dos muchachos es la maestra Liljana Luani, quien viene de Shkodra (noroeste) dos veces por mes para enseñarles a leer y escribir.

«Los niños de la vendetta son condenados a muerte», se indigna esta mujer de unos 40 años que pide a las autoridades albanesas que pongan fin a «este crimen inaceptable en un país que pretende entrar» en la Unión Europea.

Según la tradición, la vendetta perdona a las mujeres pero la venganza ciega a menudo pasa por alto esta regla.

Marie Qoku, de 17 años, fue asesinada en Kasnec de Dukagjin (norte) mientras trabajaba la tierra con su abuelo. «Fue blanco de un vengador porque era la prima del autor de una muerte», cuenta su madre, Manushaqe, de 30 años, vestida totalmente de negro.

Ahora Manushaqe se inquieta por la suerte que correrán su marido y sus otros cuatro hijos, de entre 1 y 15 años, que en cualquier momento podrían convertirse en los próximos blancos de la venganza.

Según la policía, el número de víctimas de la vendetta en los últimos 14 años es de 225 muertos, pero organizaciones no gubernamentales estiman que la cifra es mucho mayor.

El régimen comunista había logrado suprimir casi totalmente la vendetta recurriendo a amenazas de represión contra todos los miembros de una familia que ejecutara esa venganza, pero después de su caída a fines de los años 80 la sangrienta tradición resurgió con fuerza.

«La vendetta persiste debido a un sistema judicial débil que hace que la gente prefiera arreglar sus diferencias por su cuenta», explica la socióloga Suela Dani.

Destaca que es necesaria una «verdadera movilización de todas las estructuras de Estado» para contener esa plaga.

A sus 17 años, Alfred Vekaj es otra víctima de la vendetta. Su tío fue asesinado y él decidió vengarlo.

«Todas las mañanas al ir a la escuela cruzaba al hombre de la familia que mató a mi tío. Un día escondí el arma de la abuela en mi portafolio», recuerda.

Pero Alfred erró su blanco y mató a un inocente.

«Al menos aquí estoy vivo», dice a la AFP en la prisión de Kavaja, al sur de Tirana, donde purga una pena de nueve años por asesinato.

El Nacional

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