Pájaros del olvido de Ofelia Berrido, su primer poemario, abraza dos temas, entre otros, primarios del ser humano: el amor y la muerte. Entrelazados encauzan la vida ordinaria, y lanza, igualmente, lo que se presiente después de agotar en carne y hueso en este mundo. Dualidad y contradicción desde el primer grito.
Y sobre este promontorio existencial y metafísico se yergue la experiencia como fundadora, proveedora y decidora de destino. Son las experiencias trasmitidas, insertadas, imantadas a un tejido expresivo. Y ese tejido, pulso de la individualidad se vuelve
colectivo en el poema. Y hablamos de destino porque en el conjunto del poemario prima este sentido: la permanecía de la misma substancia, la primera:
Pisas la yerba todos los días
aún así renace.
Con Pájaros del olvido se inicia el libro, se abre la aventura. Y la muerte que asoma, y la vida presentida después de la muerte que también se presencia nucleadora. Y ahí reside la nota inevitable de la evocación, de lo vivido que se vuelve símbolos, lo que posibilita la continuidad aún después de haber sido.
La muerte de la vida que es otra forma de vida, la misma muerte. Lo expulsado del armazón que sostiene lo que se prolonga en otra forma de substancia. Así, pues:
Abro ventanalespenetro valles y montañasy expulso los pájaros del olvido
¡Despavoridos vuelan hacia el vacío!
¿Acaso no es una muestra de muerte la que encontramos en estos versos con, umbral del libro entero? ¿O es otra forma, un despojo o abandono que se arrastra, que es, en instancia última, una forma también de muerte? Y es que la muerte es substancia y forma.
Más una muerte que antecede y precede a la vida tal vez, como es el mundo quizás, completud de la vida en otra dimensión o estado. Por ello, esta muerte no entristece, no enluta, contrario, advierte una luminosidad a la que se va al encuentro, así, estos versos:
Muero.
Esparce semillas en mi tumba
Quiero florecer
Forma de asumir el estado de iluminación que se presiente y se desea. Reencarnación o conciencia de ella, de que la finitud de la carne contiene también la infinitud de la vida, del ser en extenso. Substancia poemática que se reitera en el poemario:
Soy energía/polvo que se refunde en mis ancestros.
Más no se trata de un poemario que acoge penumbra, quejas, lamentos y dolor esas razones del ser vivo y que en la muerte encuentra la más adecuada manera de encarnarse, no, lo que acontece es un celebrar la vida en la vida y en la muerte, porque con ello se llega a otro estadio de la vida misma, que es mayor, grandioso y unificador: el amor.
Es la festividad de ser a través de las flexibilidades de la naturaleza y de las bondades del corazón y de los labios. En sentido amplio, lo que canta Ofelia en este libro es el amor amado en su otra realidad, la misma muerte.
Fuego
Llama que quema y se quema,
se consume y consume en tu amor
Todo poema es una imagen dramática. Dramática en el sentido de ser, en esencia, conflictos. Aún en el más puro y gozoso acto humano, el amor, existe el nudo: las fuerzas encontradas.
Pero también todo poema, desde el punto de vista estructural, constituye una imagen formal circular que posibilita sus elementos constitutivos se integren para la construcción de dicha imagen.
Elementos que provienen, en mayor grado, de la preeminencia de los sentidos. Aquí, un buen ejemplo:
Se desgrana el cielotiemblan las ramas lejanas.
El árbol se baña de amapolas y se convierte en incandescente brasa.
Versos de plasticidad tocable: tacto, olor sensación de los ojos proyecta una experiencia individual que se transforma en la lectura de los otros, colectiva. El imperio de los sentidos en redondez creando una forma que el ojo atrapa y guarda en la memoria. Como acontece de manera similar con este hermoso poema:
Cerezas verdes
El corazón desgarrado entre sombras el hijo bañado en los bermellones de la aurora.
Muda la dulce madre acuna la nostalgia que yace de silencio mientras espera que maduren las cerezas.
Sensibilidad persistente. Imperio de los sentidos, olor, color, sensación táctil, y los otros en conjunción por momentos, sinestiados, y único, creando y recreando imágenes disímiles que en instantes también disímiles fueron muerte y vida, circunstancias y memorias que en franca simetría atrapa el conjunto, la composición, el poema. Quieran, finalmente, los dioses que Ofelia continúe cultivando la poesía.

