Opinión

Los pasos de Miguel Vargas

Los pasos de Miguel Vargas

Desde cierto punto de vista, el pacto firmado por el doctor Leonel Fernández y el ingeniero Miguel Vargas, resitúa la imagen política de este último en el seno de sectores que le percibían como un empresario típico, conservador y desprovisto de compromisos ideológicos cercanos a la corriente  liberal de la política dominicana.

Vargas, literalmente, con un “plumazo” ha reivindicado dos  de las aspiraciones más apreciadas por esos sectores: la prohibición de la reelección presidencial consecutiva y la prevalencia  del jus sanguinis y el  jus solis para  adquirir la nacionalidad dominicana.

Porque, según lo declarado por el presidente Leonel Fernández a medios de comunicación nacionales y españoles, es evidente que la propuesta para restablecer en la  Constitución  la prohibición de la reelección presidencial consecutiva  no fue una iniciativa del líder del Partido de la Liberación Dominicana, PLD, sino del ingeniero Vargas Maldonado. 

De ese modo, el nuevo líder de los perredeístas desestimó la oportunidad que le abrieron las circunstancias y el presidente Fernández  para pescar en río revuelto y, consciente de sus posibilidades para ganar las elecciones del 2012, hacerse desde ya un traje a la medida de ambiciones espurias.

Y, por otro lado, el pacto es también un mentís redondo a cierta campana que se alienta y difunde desde litorales perredeístas y que acusan al ingeniero Vargas de intentar  borrar todo vestigio de Peña Gómez en un PRD bajo su liderazgo.

Sin embargo, ahí tenemos, ha sido precisamente él quien acaba de levantar la bandera de la anti reelección  recientemente lanzada al piso por otros y que sigue siendo un punto luminoso en el legado político del gran líder ido a destiempo. 

Pero, tampoco es para que pintemos dicho pacto como si fuera la “revolución democrática” prometida por el presidente Fernández.

No, no es para tanto… es, más bien, la vuelta sobre pasos perdidos y en ruta hacia lo firmado en 1994 en el Pacto por la Democracia.

Y no es una revolución democrática porque nuestras debilidades institucionales, el autoritarismo de “baja intensidad” y las miserias del clientelismo vigentes en el Gobierno y en las prácticas de la oposición política rebasan el tema de la reelección y la nacionalidad, se extienden por todo el sistema político-institucional y sobrevivirán – todavía- a esas modificaciones de la Carta Magna.

Algunos analistas han criticado al ingeniero Vargas porque, según dicen, éste habría violado la institucionalidad de su partido. Esos críticos hacen una cómoda abstracción del contexto real en el cual se produjeron los hechos: encono y fragmentación del liderazgo perredeísta, intenso proceso de negociación en paralelo del doctor Fernández con los reformistas y una Asamblea Revisora en plena marcha.

 Además, al firmar el pacto Miguel Vargas no hizo más que impulsar la aplicación de algo que fue aprobado a unanimidad por toda la dirección del PRD en el último seminario nacional realizado en el 2008.

Por lo visto, los pasos recientes del ingeniero Vargas apuntan hacia un nuevo estilo de liderazgo en el PRD, uno mas sereno, aterrizado y con la audacia necesaria para llegar a la meta.

El Nacional

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