Surgieron en 1958 de la creatividad de un caricarturista de Bélgica, Pierre Cullifort (Peyo), quien los imaginó como enanitos imaginarios que logran poner azul su piel gracias a los arándalos, poderosos anti.oxidantes, y que vivían aventuras fantásticas dentro de su minúsculo mundo en el bosque.
Ahora, tomado el timón por la gran industria del cine, los Pitufos se ven lanzados al estrellado de la gran pantalla, llegan en tercera dimensión y se han convertido en un fenómeno de taquilla que amenaza los records de películas serias y respetables.
La premiere presentada anoche en Palacio del Cine de igualmente azul Blue Mall, resultó una aventura visual disfrutada por relacionados y clientes que premió la firma KraftFoods, productora de las galletas Oreo, las cuales llegan, aprovechando la pitufomanía que se extiende por toda comunidad en que existan cines, con un sabor azulado de moras silvestres.
Tecnológicamente, Los Pitufos son una obra de arte que ha combinado imagen de seres humanos reales con la de los duendecillos, efecto que logra una perfección absoluta en 3.D. La crítica especializada no ha sido exageradamente amigable sobre todo por su carga de anuncios comerciales insertos y por el notable afan de vender la bandera de las barras y las estrellas. Pero salvo ese resquicio intelectivo, a quienes van a verla para pasar un rato, es posible que ni lo perciban. La esencia de estos Pitufos es divertir con sus rutinas, algunas de ellas sorprendentes.
La trama
El malvado mago Gargamel persigue a los pequeños pitufos azules fuera de su pueblo, caen en un portal y se trasladan de su mundo mágico a mundo humano actual (claro, en Nueva YorK ) para deben encontrar una forma de volver a su aldea antes de que Gargamel les siga la pista y van a parar en casa de un matrimonio joven, que pasara las de Caín con las aventuras de los minúsculos personajes.
UN APUNTE
Mercadeo y Patria
La cinta es tomada como vehículo para el mercadeo de varias marcas comerciales que se cuelan a las audiencias en forma bastante clara y se excede en la exposición del la bandera norteamericana en un patrioterismo que incluye una versión de la Estatua de la Libertad en piedra y con una pitufa como modelo.

