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¡Maestra y maestro!

¡Maestra  y maestro!

A pesar de que el tiempo modifica y hace variaciones en casi todos los ámbitos, el día 30 de junio debe seguir siendo muy especial. Contra toda amenaza este día le pertenece a esos hombres y mujeres que llamamos maestras/os. Estimulando metas e ideales en su discipulado, se convierten en fuerza motora, y estímulo para quienes visualizamos como constructores de una sociedad distinta: próspera, equitativa, decente, celosa de su soberanía, y consecuente con los ideales independentistas.

Por eso es su afán de forjar en cada estudiante, responsabilidad, lo autenticidad o y diligencia. Así es como estos / as docentes proyectan su vocación de humanista.

Este 30 de junio, doliente y trágico, hoy, por los daños de la pandemia, no puede pasar inadvertido, pues pertenece al conglomerado del más elevado quehacer. ¿Quién puede decir que no ha pasado por sus manos, y sentido su insistencia, tenacidad y desvelo para encaminar, con buenos frutos, su quehacer educativo? Bien lo dice la poeta Carmen Natalia Martinez Bonilla en el bellísimo himno de graduación: “Noble enseña del aula bendita/ donde vierte el maestro su fe / donde vimos surgir los destellos/ de su noble enseñanza de bien / ella dice la bella esperanza/ ella dice el más puro ideal/ simboliza el esfuerzo constante/ y el sagrado deber de triunfar.

En apoyo a esa nobleza, varios sectores, en medio de la presente crisis, han reconocido y valorado la forma rápida, decidida, y eficiente con que gran parte del profesorado trabajó desde su casa con las herramientas tecnológicas, a su alcance, para que el alumnado, ausente de las aulas, avanzara en los contenidos programáticos.

Esta fue una forma de asumir responsabilidad para que el proceso educativo no se estancara más de lo debido. Tradicional e históricamente se sabe que maestras y maestros siempre se las han ingeniado, utilizando incluso herramientas rudimentarias y elementales para dar continuidad y motivos a su labor.

En actividades tan elevadas como las patrióticas, maestras/os han abrazado esas luchas. Documentos escritos indican que, en la lucha por la soberanía mancillada en la Intervención Militar Norteamericana, a nuestro territorio, en 1916, la dignidad nacional contó con la presencia de maestras respetables como Ercilia Pepín y Angélica Petronila Gómez, ambas feministas, que involucraban, en su accionar patriótico al alumnado, y a la comunidad. Varias maestras se destacaron haciendo disertaciones sobre la causa.

En el libro “Cien Años de Feminismo Dominicano” se recoge esta frase de Petronila: “Nuestro único caudillo es la patria misma” Por tal razón, la lucha por la soberanía, que aguarda a nuestro país, espera mucho de la integración del cuerpo docente.

Por: Melania Emeterio R

lidiamelania@claro.net.do

El Nacional

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