Opinión

Maestro y maestra

Maestro y maestra

Se continúa siendo maestra/ o, aunque no se esté en servicio, por eso, llegada la fecha del 30 de junio es difícil substraerse, no solo de aquella época de estudiante, sino del recuerdo de los pasos por aquellas aulas benditas donde el elevado deber de enseñar y a la vez aprender, forjaron surcos que desde su profundidad, nos dicen que hoy como ayer este quehacer es una hazaña de pura alfarería, y se modela paso a paso.

Sin dar mayor espacio a la añoranza, y sin poner el sello a la expresión “cualquier tiempo pasado fue mejor”, el momento que se vive, y el que se avizora, obliga a aquilatar aquella época sembradora de apego a este quehacer, donde sentimiento afloró como un valor agregado indisoluble en la acción educativa. Eran tiempos de gran dignificación para maestras/os cuyas figuras poseían gran estatura en el imaginario social, y en las/ os educandos. Pero estos tiempos han cambiado.

Hoy las sociedades del mundo, incluida la Dominicana, están bajo el influjo de la modernidad y el liberalismo, el auge de la tecnología con avances que nos dejan bajo los efectos de la sorpresa y la fascinación que da el hacer y descubrir cosas insoñadas. Estamos frente a una sociedad presionada por la competitividad, un paradigma que solo apuesta a la eficacia y el máximo del rendimiento profesional u ocupacional desde la individualidad, mas no se apuesta a la afectividad y a los sentimientos humanos.

Este nuevo orden esclaviza y lo subordina todo al imperio virtual, pero deja opacado un conjunto de valores. Ese opacamiento o pérdida de valía, ha afectado la imagen del y de la docente. De agigantar, sobremanera, la proyección social y a futuro del estudiante, se pasa a minimizar y casi caricaturizar la función social de la maestra/. Su figura se pierde en un conjunto de términos pretendidamente modernos, pero muchas veces impreciso como el de guía, acompañante, términos que son afines con una diversidad de ocupaciones.

Es así como se ha ido perdiendo la esencia de lo que otrora significaba la presencia de la maestro y de la maestra en el aula y en la conciencia familiar y social. Este tema casi que no se aborda, pues hacen falta interlocutores válidos.

El Nacional

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