Se recibe como mala noticia para el turismo y el intercambio comercial entre Puerto Rico y República Dominicana, el anuncio de que, por razones económicas, American Airlines y su subsidiaria American Eagle suspenderán a partir del 6 de abril de 20011 vuelos diarios desde esa isla a aeropuertos dominicanos.
La drástica reducción en las frecuencias de vuelos de esas aerolíneas que incluye a Haití y otros destinos constituye un reflejo de los graves problemas financieros que afectan a la aviación comercial y de la magnitud de la vorágine de una crisis global que arrastra a las economías de Puerto Rico y de todo el Caribe.
El recorte anunciado por esas empresas incluye la anulación de 800 puestos de trabajo en Borinquen y la suspensión de más vuelos desde esa isla hacia Estados Unidos, situación que motivó una declaración de pesar por parte de las autoridades boricuas.
Por tratarse de rutas con gran demanda de asientos y reservaciones, se da por seguro que otras líneas aéreas oferten suplir la ausencia de American y American Eagle, aunque esa reducción de vuelos afectaría en lo inmediato al sector turismo y al comercio entre Santo Domingo y San Juan.
La suspensión de los vuelos de esas aerolíneas a Puerto Plata y La Romana tendría particulares efectos negativos sobre esos polos turísticos que reciben significativo flujo de visitantes desde Puerto Rico o que usan sus terminales como puntos de transbordo.
Grandes compañías de transporte aéreo, como Mexicana de Aviación, se declaran en bancarrota, laceradas por la crisis económica global, en tanto otras procuran sobrevivir mediante fusiones o por vía de drásticos recortes presupuestarios.
Aunque American retiraría sus aviones de cuerpo ancho en la ruta San Juan-Santo Domingo, mantendría aparatos pequeños en vuelos regulares desde y hacia el aeropuerto Las Américas, lo que debería recibirse como nota de alivio, más aun cuando se ofrecen seguridades de que otras líneas de igual o superior bagaje competitivo asumirían las rutas abandonadas.
Ese anuncio de drástica reducción de vuelos desde y hacia Puerto Rico ha de servir de lección a las autoridades dominicanas para que amplíen la necesaria política de cielos abiertos, impedir formas de monopolio, privilegios o prácticas desleales en la industria de la avión comercial y poder evitar sorpresas tan desagradables como la anunciada por American y American Eagle.

