Opinión

Manifiesto Montecristi

Manifiesto Montecristi

Este 25 de marzo se conmemora la firma del Manifiesto de Montecristi, rubricado aquí en 1895, base de la Independencia de Cuba. Oportuna la ocasión para recrear estos valores políticos, en el marco de una sociedad cerrada, que se mantuvo intacta durante décadas. Acaso la provincia más excluyente, en adición a La Vega y Santiago, clasistas y elitistas por excelencia.

Vivió un auge económico envidiable entre mediado y finales del siglo XIX, dando paso a la formación de castas familiares con notable preeminencia económica y social desde entonces hasta 1978, año en que terminan los primeros gobiernos de Balaguer.

Trujillo no tocó el status quo de la élite montecristeña privilegiando a un par y agregando a otras, incluyendo las raíces de la célebre Isabel Mayer y los Betances. Los altos cargos públicos, incluyendo electivos, estuvieron reservados para esas castas, con oportunidades secundarias para profesionales de prestigio. Si no eras Rodríguez, Álvarez, Lenkerd, Mayer, Betances, Kunhard, en fin, estaban muy distantes tus posibilidades de aspirar a una buena posición.

La apertura empezó en los 80 con la inclusión de algunos apellidos, y representantes de comunidades secundarias, como Villa Vásquez, Castañuelas y Guayubín.

El Senado puede servir de medición a la hora de apreciar el cambio registrado en la representación de la señera provincia del Morro. Balaguer, que, en cierto modo, había respetado el orden dejado por Trujillo, propició en 1990 el ascenso del reformista Héctor Rodríguez Pimentel, de extracción humilde.

No conforme con el experimento y presionado por la aún estricta elite montecristeña, se vio forzado a llevar, de nuevo, a Helvio Rodríguez en 1984.

Le sigue Bernardo Alemán, un empresario del PRD, del 1998 al 2006, año desde cuando el actual senador Heinz Vieluf ocupa esa curul, sin responder al esquema descrito. Las taras sociales forman parte de la historia y son agua pasada en Montecristi. Reflejan un nuevo orden social.

Y, por lo visto, sigue pendiente la tarea de reajustar y corregir el orden moral e institucional, que, en todo el país, anda muy mal. Es vergonzoso que a estas alturas nuestra Constitución esté a merced de los intereses del corrompido gabinete danilista.

Es una seria amenaza al sistema democrático que debe convocar a toda la nación a un levantamiento en las urnas que bien debe comenzar en Montecristi.

Esta vez el Manifiesto, emulando el coraje de Gómez y Martí, debe centrarse en el respeto institucional, rechazo a la reelección de Danilo Medina y una condena moral y penal a los responsables de todo este desorden.

El Nacional

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