Le prometí a mi madre que no escribiría mas artículos este 2019, para evitar y evitarme seguir dándole seguimiento a una realidad que es una herida abierta y donde todos y todas saldremos lastimados. Periodo electoral donde la norma es aventajar al otro u otra sin escrúpulos de ninguna índole, sacar los trapos sucios al sol y salpicar de agua apestosa a toda la ciudadanía que observa impávida como la locura colectiva se apodera del sentido común y nadie piensa que se va a morir y que tres días después se pudre.
He llegado de La Habana donde siempre la belleza te resucita y lo verdaderamente importante ocupa su lugar, como una lectura de poemas en la Casa Guayasamin, donde una joven trovadora argentina nos conmovió hasta las lagrimas cuando hablo de su país hoy, sede de un genocidio contra la clase obrera, de la cual sus padres son representantes, que sucede todos los días y nadie dice nada, como nadie dice nada de la sangre y el luto, como reclamaba Aida Cartagena Portalatín, nuestra gran poeta.
En esa Habana, donde escasean los alimentos y se hace cola para el pollo, cada niño recibe un biscocho el día de su cumpleaños, un cake que las madres recogen y luego reparten en el barrio, y ese simple detalle: el que todos los niños y niñas de un país reciban por orden del Estado un biscocho el día en que cumpleaños, me devolvió la fe y la esperanza en lo inderrotable del proceso cubano frente a toda la insanidad de los Marcos Rubio y ni hablar de la política norteamericana de lento genocidio de un pueblo que tercamente se niega a renunciar a sus héroes y conquistas sociales. Hoy la dignidad latinoamericana se sigue llamando Cuba.
Y, les decía, había regresado feliz, renovada, para encontrar a Fidelio en armas, indignado, porque el Senado (Oh pechito infeliz que ignoras la indignación colectiva contra tus carros suntuosos, tus diamantes en la corbata y tu insignificancia generalizada) ha aprobado cambiarleel nombre a la carretera Manolo Tavarez Justo y renombrarla como Juancito de los Santos.
Creo que no necesito recordarles quien es Manolo Tavarez Justo, pero sí necesito aclarar que crear una red de Bancas nacionales de apuestas no es un hecho heroico, es una manera de extraerles a los más pobres de la tierra la poquísima plusvalía que puedan extraer de sus salarios de miseria.
Tanto la Lotería Nacional como las Bancas son sanguijuelas de los pobres y eso se ha documentado a nivel mundial.
Cambiarle el nombre de Manolo a una carretera para ponerle el de Juancito de los Santos es otro desacierto de este gobierno y una dolorosa ofensa nacional.

