Semana

Manzanas  verdes

Manzanas  verdes

Atardecía y el cielo pasaba de azul a naranja, buscando esa tonalidad hermosa que sólo brinda la noche iluminada por las estrellas y una radiante luna.

Todos terminaban sus labores: los niños sus clases, los adultos sus trabajos y los ancianos sus paseos y conversaciones con sus camaradas en la plaza central, en donde más tarde todos se reunirían a celebrar, la llegada de la primavera y así acompañarla en su mágico andar, bendiciendo los huertos, campos y cosechas del lugar, para que las hortalizas, frutas y vegetales en general, nacieran contentos y llenos de energía sin igual, para alimentar a todos los pobladores de la ciudad.

Al día siguiente,  pudieron comprobar que la cosecha  era inmensa, rica y con mucha variedad, pero notaron que la manzana roja y verde no estaban en ningún lugar, por lo que  salieron a buscar,  preocupados ya que esa fruta era la más dulce y llena de sana energía, por lo que los niños la iban a extrañar cuando al abrir sus loncheras en la escuela, aquella dulce fruta no estuviera dentro como siempre la mandaba su mamá.

Luego de mucho buscar y no encontrar la manzana roja o verde conocidas del lugar, uno de ellos se puso a pensar: “será que la primavera una travesura nos quiso jugar y combinó la manzana con los colores del lugar?

Y con esta nueva esperanza volvieron a buscar una manzana de otro color en particular que no fuera roja ni verde pero deliciosa al paladar.

Un pequeño niño que triste por su manzana también ayudaba a buscar, encontró un bello árbol muy frondoso y lleno de frutos de un color sin igual, que mezclaba el rojo, verde y amarillo de una forma tal, que parecía un lindo atardecer de esos que solo se ven en aquella ciudad.

El niño tomó uno de los frutos  y lo probó con algo de temor y desconfianza, pero al degustar el rico sabor, llamó a todos y dijo  emocionado y contento: “Oigan todos,  ha nacido una nueva clase de manzana, no es roja ni verde, pero es muy deliciosa, nutritiva y llena de energía, así que demosle la bienvenida y compartamos con ella nuestra alegría en disfrutar, cuidar y preservar todas aquellas cosas que la primavera va dejando a su paso”.

Todos  muy contentos se pusieron a cantar y bailar porque un nuevo regalo de Dios había sido creado y dado a ellos para su cuidado en aquel lugar, para ser compartido con toda la humanidad.

(Cuentoscortos.net/manzanaverde/manzanaroja. autor Ruderico Diaz Romero).

El Nacional

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