Los fiscales adjuntos, cuyo comportamiento sobre la epidemia machista que ha costado la vida a decenas de mujeres ha sido muy criticado, toman distancia en torno al preocupante fenómeno social. Al menos es lo que se deduce del reclamo de las adjuntas Julissa Hernández y Mastearasco Marmolejos en el sentido de que todas las instancias públicas tienen que involucrarse en la lucha contra el drama.
Para ellas no se trata de un problema de justicia, que dicen es la última instancia que interviene en los feminicidios, sino de cambiar la mentalidad de la población. Sería lo ideal de no tratarse de un proceso tan escabroso. Por muchas razones.
No deben ignorar que es más fácil brindar protección a una mujer amenazada por su pareja o expareja, que no es siempre lo que ha ocurrido, que cambiar las actitudes y comportamiento de la gente.
Pero, en honor a la verdad, no deja de ser saludable la preocupación de las fiscales adjuntas sobre los feminicidios y otros actos, con todo y la distancia que han tomado.

