Si el pandemonio del transporte público se debe a la falta de un marco legal, como alega el director de la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet), no hay más que proporcionárselo para resolver el problema.
El general de brigada Juan Jerónimo Brown se basa en que la Ley 241 es arcaica porque fue aprobada en 1967, cuando existía un flujo de vehículos limitado.
No cabe la menor duda de que la legislación requiere ser actualizada, pero de ahí a que sea la causante del desorden en el tránsito hay mucha diferencia. ¿Qué culpa puede tener la ley de que los conductores violen los semáforos o los espacios públicos? ¿O de que la inseguridad sea uno de los signos más inquietantes del transporte de pasajeros? Pero, si el problema es por falta de un marco legal, la sociedad en pleno debe presionar para que la Amet cuente con las leyes necesarias para que no haya alegatos en cuanto a un sistema de transporte eficiente, seguro, respetuoso y ordenado.
