Opinión

Marlin y Yulín Cruz

Marlin y Yulín Cruz

No he querido apresurarme a escribir sobre la dirigente del PRD, Marlin Martínez, porque ella me interesa más como prototipo de lo que le sucede a muchas mujeres en la política tradicional, que como una miembro de la clase media baja a quien la ambición de ascenso social redujo a la máxima expresión de la impiedad.

Creo que el hecho de haber asesinado a su hijo moralmente, convirtiéndolo primero en pedófilo (Emely Peguero tenía doce años cuando la conoció), y luego en asesino, cuando asesinó a Emely para evadir su responsabilidad como padre, es ya un brutal castigo.

Que saquen a Marlin de Rafey, como se rumora; o que saquen a su hijo de la cárcel poco importa. Los crímenes de conciencia no se escapan ni con cambios de domicilio o de nombre, y dondequiera que un compatriota les encuentre les escupirá la cara.

Lo que sí es importante analizar es cómo un partido que no asegura la formación humana de sus militantes, paralela a la formación política, siempre creara monstruos como Marlin. Estamos llenos de Bentleys, Rolls Royce, yipetones, apartamentos de lujo y brillantes en las corbatas, atestiguando como el aparentemente más ardoroso defensor de las leyes en el Congreso, puede convertirse en un vulgar arribista social, o en un ladrón.

Marlin es un caso más de los tantos que abundan y conocemos prácticamente en todos los partidos tradicionales y para contrarrestar el estigma que ella nos crea, como mujeres cercanas a la política, quisiera anteponer a este mal ejemplo el de la alcaldesa de San Juan, Puerto Rico, quien se ha convertido en una figura que se ha ganado el respeto mundial, no solo con su respuesta frente al desastre de los huracanes, sino frente a las indignidades a las que permanentemente somete Trump a la nación puertorriqueña.

A la inversa del grupo de sonrientes lacayos boricuas que avergüenzan al género masculino, esta mujer confrontó a quien se pretende presidente del país más poderoso del mundo, quien debiéndole a Puerto Rico 33 millones de dólares por sus campos de golf, se atreve a darle clases al pueblo puertorriqueño sobre ahorro y dispendio. Y quien en un acto de insólita insensibilidad comenzó a lanzarles rollos de papel sanitario a los refugiados del único centro que visitó, como si fueran bolas de football.

Hemos presenciado pocas bestialidades de esta magnitud, frente a las cuales Almagro, quien también representa al Caribe, perdido en su choque de egos con Maduro, no se pronuncia.

Que sea Yulin Cruz, alcaldesa de San Juan Puerto Rico, nuestro norte e inspiración, frente a todas las Marlin, la peor pesadilla de todo hombre y mujer pensante.

El Nacional

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