Tal vez las estadísticas se han perdido, pero el caso del hombre que el martes en la noche ahorcó en un sector de Los Mina a sus dos hijos de cuatro y tres años de edad, y que después se suicidó, es lo suficientemente dramático como para pasarlo por alto. Puede que se trate de un caso aislado, pero no sería la lectura más responsable al infanticidio y el mismo suicidio del atribulado padre.
La conmoción es obvia tratándose de un suceso en que las víctimas son dos hermanitos de tan tierna edad estrangulados por su propio padre.
Por las razones que fueren, la decisión de Andy Lantigua Monegro de matar a Anderson y Andris Lantigua Jiménez representa otro toque de atención que las autoridades y la misma sociedad tienen que auscultar. El suceso no puede abordarse únicamente desde una perspectiva pasional. Va mucho más allá.
Eso de que el padre optó por matar a los niños porque temía sobre su futuro si él se iba y los dejaba es un mensaje que se presta a profundas reflexiones.

