Tiene sobrada razón el presidente de la Cámara Admistrativa de la Junta Central Electoral, doctor Roberto Rosario Márquez, cuando lamenta las reservas de candidaturas congresuales y municipales que han realizado los partidos políticos, porque limitan la participación. El presidente de la República se reúne en secreto con un representante de la oposición y toman decisiones. No consultan a nadie. Acuerdan una nueva Constitución y la imponen en el Congreso. Es una Constitución vieja aunque se haya aprobado hoy. Gracias a ese caudillismo absurdo y ridículo, el país tendrá una Carta Marga que tendrá que ser modificada nuevamente cuando soplen vientos verdaderamente democráticos. Esos dos señores, el presidente de la República y el presidente de un partido que se dice de oposición y que se dice democrático, han decidido igualmente borrar de un plumazo el derecho constitucional a elegir y ser elegidos. Y, lo que es peor, la Cámara Contenciosa (algunos dicen contentosa) de la Junta Central Electoral ha legitimado esa barbaridad, esa puñalada trapera a la democracia. Resulta inconcebible que el presidente del PRD de 32 senadores se haya reservado 14; de 178 diputados 92; de 155 síndicos 59; todos vice síndicos; que de mil 101 regidores se quedara con 551, más los mil 101 suplentes de regidores; 115 directores de distritos municipales de 229; 345 vocales de distritos municipales de 687. De tres mil 638 cargos públicos Miguel Vargas se reservó dos mil 432. Significa que sólo el 33% de los puestos irán a convención. Los reservados forman parte del grupo del presidente del PRD. Esa acción bochornosa ha sido legalizada por la JCE. Lo mismo ocurrió en el PLD y en el PRSC.
Si alguien cree que votaré por un candidato impuesto por el dedo abusador y antidemocrático de Miguel Vargas, de Leonel Fernández o de cualquier otro pichón de dictador, se equivocó. Como dice el magistrado Roberto Rosario, lo ideal, lo que corresponde, es que los candidatos de los partidos sean el resultado de elecciones libres y transparentes. Porque el país lo que necesita, insisto, es más, no menos democracia. Es decir, no menos, sino más participación de la gente.
El presidente de la República y el presidente del PRD han evidenciado la necesidad de una fuerza democrática, auténticamente patriótica y nacionalista, que crea en la gente y en su capacidad de transformación social.
