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Mayoría dominicanos no lee nada

Mayoría dominicanos no lee nada

Muchos dominicanos desean no sólo lo mejor para su país sino que ellos, legítimamente, desean ser los mejores.

Ahora muchos andan detrás del rompimiento de records y se activan  creativamente en búsquedas ensoñadoras e idealistas, capaces de revertir factores ominosos y negativos.

Ese es el mejor espíritu del dominicano consciente que no se quiere verse estigmatizado por inquinas y maledicencias y menos aún por la imagen, deformada, cruel, altamente injusta, del dominicano “prostituido”, “engañoso”, sometido sistemáticamente al impulso de violar procedimientos y reglas establecidas en provecho personal en su país y en otras tierras.

Hay una cantidad impresionante de dominicanos altamente meritorios, muchos de ellos marginalizados por modelos atrasados de observancia de la realidad.

 Otros son víctimas de la maledicencia envidiosa y el espíritu aldeano e insano que lo invade todo, entre ellos el chisme que es el espaldero bastardo de la “distracción”.

Resulta ilusorio creer que ciertos reconocimientos, justos, dignos y altamente merecidos, contienen verdades completas o se hallan desprovistos del efecto puramente  imaginativo.

Engañarse es la forma menos aconsejable de pronunciar el merecido porvenir.

No es verdad, por ejemplo, que porque un grupo de jóvenes estableció un record de lectura continua que les tomó suficiente tiempo y energías, que los hacen merecedores plenos del reconocimiento internacional somos, como se ha  publicado con un triunfalismo infantil, el país más lector del mundo. 

No importa quien lo diga desde Guiness hasta el mejor manual de filosofía. Creer en ello es engañarse y engañar a otros injustamente.

El galardón no es menos merecido cuando se le coloca en un contexto realista, justo y con la verdad de por medio.  No hay que envidiar, no hay que desmeritar:

Aquello se ganó jubilosamente en una lid hermosa y orlada de magníficas expectativas.

Debe llenar no de orgullo, que no sirve a ninguna causa universal y que tiene contenidos espurios en ocasiones, sino de dignidad y de estímulo para otras metas sanas y decorosas.

Ahí hay dominicanos honestos con el interés, que tienen incluso las mayorías, de romper el cascarón del “subdesarrollo” con que han señalado erróneamente a este ser nacional digno de mejores días y más altas noches.

Para que seamos el país más lector del mundo se necesitan esfuerzos descomunales. En realidad, las iniciativas que hay van ominosamente en la dirección contraria. 

La educación es una de las áreas increíblemente peor tratadas del país. Los dirigentes políticos saben a plenitud que sin educación no salimos a flote no sólo en años sino  que en siglos. 

Pero la agenda política, salpicada de urgencias y de aprovechamientos del momento, no de lo que urge al devenir histórico, no contiene ni referencias a esa realidad.

 Lo que hay es la negativa reticente a  lograr una verdadera excelencia educativa que ni reciben, al menos en el país, ni siquiera las élites más adineradas y mejor formadas.

Niños estudiando debajo de árboles, escuelas sin maestros, ministerios con presupuestos magros, estudiantes desertando en cifras alarmantes del sistema educativo, unos para trabajar y mantener a flote un hogar precario, otros paras “tiguerear” porque no hay empleo y los que restan, para asumir vicios que estimula una espiral de deformaciones sociales y política no constituyen ni por aproximación

Hasta en las propagandas políticas que impulsa al liderazgo político se nota la elementalidad del mensaje, la ausencia de verdadera creatividad, la falta de  propuestas serias, la propaganda costosa e invasiva, nomás. 

Hay un fallo, un handicap en el camino hacia el inicio a un desarrollo progresivo, sano, creativo, lleno de expectativas merecidas y razonables.

Estas no deben comenzar por una fase ilusoria sino por un examen correcto de las verdaderas potencialidades, que las hay en grado más que suficiente pero  todavía incipiente.

El que haya dominicanos esparcidos por el mundo realizando proezas ya es un buen indicio del deseo de ser mejores precisamente en aquellos que ya lo son.

 

UN APUNTE

El día 20 de julio, la juez de Guinness Mike Janela entregó a los jóvenes dominicanos el certificado que los acredita como dueños del récord de 365 horas de lecturas en voz alta. En la ceremonia estuvo el ministro de la Juventud, Franklin Rodríguez. El récord podría ser inscrito este año, en el libro Guinness.

El Nacional

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