Opinión

Médico, abogado, intelectual

Médico, abogado, intelectual

El gran Pindaro dijo que la verdad es el fundamento de la virtud más sublime. Por eso, despojado de pasión, rindo tributo a una de las celebridades de San Cristóbal y la Nación, cuyo nombre enhiesta perfume, simbolismo y autenticidad profesional, prócer de la honestidad y el civismo: el doctor Domingo Peña Nina.

Desde su niñez, resplandecía inquietudes y anhelo de ser útil,  y así, con el  respaldo de sus progenitores, la insigne profesora doña Luz Nina viuda Peña y Francisco Peña, se trasladó  en  1966 a continuar su estudios de medicina en la prestigiosa Universidad Nacional Autónoma de México, graduándose con mención de honor como gineco obstetra y Especialidades Superiores en el Hospital  de Gineco obstetricia, No. 1 del Instituto de Seguro Social, con especialidad Endoscopia Ginecológica y Reproducción, en el Instituto Nacional, Facultad de Medicina.

 Triunfante, Domingo retorna a su patria en 1978,  y en  1979 es nombrado  Jefe del Servicio de Gineco-Obstetricia, del hospital del Seguro Social, Dr. Rafael J. Mañón, en San Cristóbal. Luego, es honrado con la designación de la Sala de Ginecología de ese centro. Ya en México contrae matrimonio con la  ejemplar catedrática  Alicia Zúñiga, procreando tres hijos: ingeniero Domingo Enmanuel, doctor Víctor David y el licenciado Daniel Peña Zúñiga.

Honesto  a plenitud, emprendedor cual águila tempestuosa, sigue aprendiendo, cultivando el talento que sustenta, graduándose de abogado, magna cum laude, enriqueciendo el derecho y así la literatura, el cuento, la historia, el pensamiento social y filosófico. Escritor de avanzada y con la impronta de su desvelo, se traza líneas  que le ganan nombradía y reconocimientos diversos, producto de su ingenio y dedicación primorosa, autor de varios libros interesantes, artículos y reseñas.

Mesurado, silencioso pero audaz, inteligente, arquetipo de trayectoria luminosa paradigma de valores éticos, estandarte profesional repleto de sublime dignidad, estudioso a plenitud, curioso también en la cuentística literatura y la prosa, ganó premios nacionales e internacionales, siendo amigo de los geniales profesores Juan Bosch y Pedro Mir, con quienes analizaba, ponderaba  estos temas en reuniones, con maestría y singular destreza.

Este famoso personaje reserva, cual camino de victoria, una destacada personalidad, ilustrada en sus amigos, humildad, solidaridad, humanismo, excelsa su capacidad que destila la savia nutritiva como científico de la medicina, intelectual de fuste, escritor señero, con probada honradez, junto a sus prestigiosos hermanos, ingeniero Frank, doctora Urdah, licenciada Ruth y profesor  Enoc Peña Nina,   quienes, como él, coronan los fulgores de su vida en oriflamas de virtud y dignidad.

¡Domingo Peña Nina, gloria nacional y gloria de San Cristóbal!

Insignia de la Cuna de la Constitución, y de la familia que procreó, que puede reflejar los versos de Rubén Dario: “El libro es fuerza, es poder, es aliento: antorcha del pensamiento y manantial del amor”.

Domingo es también portaestandarte de Hipócrates.

El Nacional

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