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MEMORIAS: la amistad en política

MEMORIAS: la amistad en política

Desde el día en que me lo contaron se grabo para siempre en mi mente hasta hoy. Mis hermanos mayores se extrañaron cuando vieron a mi padre que, en vez de salir por la puerta de la galería, abría la puerta trasera que llevaba a la entrada del garaje. Apretaba el mango de su maletín mientras la toga de abogado colgaba de su muñeca izquierda.

Más se extrañaron mis hermanos todavía porque subió al carro por la puerta delantera izquierda, la que da al guía y se sentó listo para conducir. Mientras el veterano chofer de mi padre, que se jactaba en identificarse como Nemesio Oquendo y Pozos, estaba sentado detrás a mano derecha. Con todo y que eran los penosos años de abusos de poder del Machadato mis hermanos no caían en la cuenta de lo que se trataba.

El portón de salida estaba abierto de par en par. Y las palmas alineadas, siempre gallardas, ascendían en el Boulevard de El Paseo en El Vedado.

Frente a casa acechaban tras las palmas toscos agentes de la Porra, el cuerpo represivo de la policía.

Mi padre salió guiando el carro y los ojos de la Porra se fijaron en el hombre atrás cuyas facciones no respondían a la descripción que los jefes le habían dado de la fichada victima. Mi padre con su astucia los burlo.

Y así mi padre pudo llegar al espacioso salón del Tribunal Supremo de Justicia constituido en Tribunal de Garantías Constitucionales (1929).

Mi padre se aprestaba a defender a sus colegas profesores de la Universidad de La Habana.

El presidente de la República Gerardo Machado y Morales, General del Ejercito Libertador, violando la Constitución de 1902 que lo había elegido por cuatro años había convocado una Asamblea Constituyente que, presidida por el ilustre jurisconsulto internacional Antonio Sánchez de Bustamante y Sirven, introdujo en uno de sus artículos la “prorroga de poderes”.

El Rector de la Universidad de La Habana, Dr. Clemente Inclan y Costa, convoco el Claustro universitario que decidió publicar un comunicado totalmente opuesto a esa prorroga de poderes por inconstitucional.

Machado, sin facultad para ello, cancelo a todos los profesores que habían firmado el documento.

El Claustro designo a mi padre, el Dr. Manuel Dorta Duque, APRA defenderlos con base en la ilegalidad e su destitución.

Mi padre había ganado por oposición la cátedra de Legislación Hipotecaria de cuya materia produjo el texto. Años más tarde crearía la cátedra de Derecho Agrario como profesor titular y también su texto.

El Dr. Clemente Inclan y nuestra familia eran amigos de antiguo. Como médico era nuestro pediatra y un fanático del deporte que colocó a la Universidad de La Habana en los primeros puestos de todas las disciplinas.      

A propósito de este relato, el Dr. Inclan era tío carnal del Dr. Rafael Guas Inclan compañero de clases de mi padre desde el colegio de Belen época en que estudiaban juntos indistintamente uno en casa del otro, costumbre que continuaron después en la Escuela de derecho de la Universidad de La Habana. En aquella coyuntura de que hablamos Guas Inclan, a quien llamaban Felo, como activo dirigente liberal y por apoyo familiar, presidía la Cámara de Representantes o Diputados.

Su padre, el Coronel Carlos Guas, había sido también compañero de armas en la Guerra de Independencia y dirigente del partido Liberal, al igual que Machado y mi tío abuelo, Coronel Matías Duque Perdomo.

El Generalísimo Máximo Gómez honro con su ingreso y apoyó con su inmensa popularidad al Partido Liberal pero declino la candidatura a la presidencia y señaló al candidato, Tomas Estrada Palma, a quien acompañó en su campaña política por toda la isla, cosechando más aplausos que el propio candidato quien fue elegido como primer presidente de la República de Cuba en 1902.

Mientras mi padre arreciaba en su oratoria forense ante los magistrados, Felo Guas llamo por teléfono al Dr. Raúl Colonge, compañero de estudio de Derecho en la Universidad y amigo fraternal de Felo Guas y de mi padre, Manolo.

Cuando Raúl llego a la presidencia de la Cámara Felo le dijo confidencialmente “tengo informes de que la Porra se encamina al Tribunal para acallar a Manolo: “vete para allá y sacalo lo antes posibles”.

Raúl corrió a la audiencia, se colgó la primera toga que encontró y a hasta llego a tirarle de la toga porque Manolo en sí mismado en su exposición no respondía a las palabras.

Por fin Raúl le dijo: “termina ya porque la Porra viene a buscarte”.

Mi padre concluyo su exposición, recogió sus papeles, se quito la toga y cuando ambos bajaban presurosos la escalera se toparon con La Porra que subía. Por segunda vez y en un mismo día mi padre burlaba a la nefasta Porra en sus propios ojos. Mi padre y mi madre que eran católicos de raíz calificaron el hecho como un milagro.

Los profesores de la Universidad ganaron el pleito ante los tribunales y fueron restituidos en sus cátedras. Como mi padre no acepto ninguna remuneración los profesores le obsequiaron el mobiliario y la estantería de su biblioteca de derecho, todo en Caoba que cubría a la medida las paredes en su despacho de su Bufete de Abogados sito en una casa que remodelo en La Habana vieja o zona colonial.

Relato todo esto APRA resaltar la ferviente “amistad en política” que impuso a Felo Guas a comprometerse en la temida época del Machadato.

Y a arriesgar su notable carrera política futura por evitar la muerte segura de su, políticamente opuesto, amigo entrañable, Manolo, mi padre.

Mi padre que también pertenecía al Partido Liberal pero prosiguió su lucha contra Machado hasta el final.

El Nacional

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