Los miembros de la Junta Directiva en pleno del Ateneo Dominicano, (cuando esa benemérita institución merecía el nombre de Centro Cultural, bajo la presidencia de don Angel Miolán, que después declino), decidimos ir a San Francisco de Macorís para participar en la fundación de una biblioteca dedicada para lectores de escasos recursos económicos.
El invitado para las palabras de rigor era precisamente el Profesor Juan Bosch quien llego al acto rodeado de un grupo de jóvenes tan compacto que no me decidí a abrir una brecha entre ellos para saludar a Bosch.
Con todo, uno de los jóvenes me dijo: _licenciado, pero no, ¿va usted a saludar al profesor Bosch?
-Si, como no, si somos amigos.
Bosch, entonces se volvió hacia mí para abrazarme. Hacia años que no nos veíamos y nuestros encuentros eran solo telefónicos. Pero entonces se detuvo y me dijo:
-Pero que barriga, que barriga!… y si Carmen te ve.
Yo, picado por su inesperada chanza, solo hacerte a responderle:
-Eso son los sancochos, mondongos y los asopaos
Bosch riéndose y con las manos en alto se retiraba y decía: -Ay, ay, ay!.
Yo le respondí, riéndome también y saludando Años después, ocurrió la muerte de un especial amigo mutuo, el doctor Diego Vicente Tejera, cubano de prosapia, abogado y político del Partido Revolucionario Cubano, (PRC) exilado en Santo Domingo y gran amigo, desde La Habana de Juan Bosch y de su esposa Carmen.
No dude un momento en llamar a Bosch para comunicarle la luctuosa noticia. Núñez me informo que Bosch se encontraba en el extranjero. Pedí a doña Carmen, quien accedió presto al teléfono: -Nuestro amigo, Dieguito, ha muerto.
Acongojada, comento brevemente y se despidió.
Meses después hubo una recepción. Vi a Bosch apresurar el paso acompañado siempre de Nuñez.
Me abrazo y dijo apenado:
-Murió Dieguito cuanta pena Tan inteligente y vivaz Tan buena gente compartíamos en familia desde La Habana
-Y tu llamaste y se lo dijiste a Carmen, cuanto te lo agradezco
Cambie el tema y lo felicite por su argucia política mediante la cual Norge Botello ocupó la presidencia de la Cámara de Diputados.
-¿Te gusto esa ? Me respondió con sonriente malicia.
Esa vez no se separo de mí durante más de media hora, acongojado por la muerte del mutuo amigo.
El evangelio habla de la semilla de mostaza que siendo pequeñísima y desde las profundidades de la tierra llega a producir arboles de empinados troncos y copiosas ramas, flores y frutos. Así fue la vida de Juan Bosch.
Un ser profundamente humano dotado del alma perpicaz sana y digna del hombre de campo de su natal Río Verde, susceptible de ser atropellado por la intolerancia y enredado por las argucias mas finas pero que pudo sobrevivir del marasmo para finalmente crear un discipulado que aún después de su muerte lo venera.
Por eso, en el 102 aniversario, me adhiero: Juan Bosch por siempre.

