Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

En la infancia nada me daba más cuerda que una burla inmerecida; sobre todo, si la acompañaba el asqueroso saque de lengua. Recuerdo mi reacción energúmena. Pero, puedo afirmar que no se debía a la bufa, sino al complemento. Hoy día me sucede algo semejante cuando se pretende que crea una cosa por otra. En estos casos suelo pensar: “Coño, me quieren vender, y que también cargue los cuartos”.

Esto viene a cuento a propósito del sainete un tanto melodramático, puesto en escena por las autoridades locales y puertorriqueñas en torno a la búsqueda desesperada de un bajadero a la situación actual de Figueroa Agosto, quien luego del reversazo del jefe de la Policía boricua, ya no se sabe si al bajar el telón el presunto capo termina como héroe o villano ni si lo que se consideraba argumento para una película taquillera, resulta tremendo clavo.

Siempre he tenido la convicción de que cuando hay dinero de por medio todo es posible y justificable. Con mayor vera, si la inversión tiene un propósito altruista, como se asume que es la de desmembrar una de las tantas redes de comercialización de estupefacientes que existen en el mundo. Redes organizadas por el afán de lucro de unos pocos desalmados en perjuicio de la humanidad.

Sin embargo, es penoso y vergonzante que en nombre del “statu quo” de los mismos que dicen defender los valores y principios de una sociedad atrapada por la delincuencia y el terror, se apañen verdades a todas luces irrefutables. Después de hacer un despliegue inusitado de euforia desmedida, al “bocaguᔠFigueroa Sancha parece que le halaron las orejas a tal punto, que hasta el mentado cirujano “le sacó los pies”.

Ahora bien, es comprensible que el actual jefe de la PN, no quiera bailar mucho en la fiesta que se ha preparado para celebrar la “captura” de Figueroa Agosto. Él espera con mucho gusto la confirmación en el cargo que le garantiza su alegada condición de miembro numerario del Opus Dei, brazo político del todopoderoso Vaticano.

El Nacional

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