Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

Asqueado hasta el límite que tolera la decencia ante la vulgaridad que han entronizado los “mediocres ilustrados” en los medios audiovisuales, amparados en una permisividad medalaganaria y abusiva, inicié una serie de entregas condenando el atrevimiento. Hoy la dejo en suspenso, gracias al interés demostrado por el presidente Leonel Fernández en acabar con la afrenta. Esta vez confío en que se aplicarán los correctivos que reclama la sociedad dominicana.

Eso sí; de no producirse la reivindicación necesaria y urgente, y  nuestro acervo cultural tan herido de manera vil y rastrera, retomaré la causa con la misma verticalidad hasta que se logre regresar la comunicación oral al cause del decoro y el respeto, con la seguridad de que otras voces se alzarán solidarias a rechazar el repugnante espectáculo.

Hay gente que entiende que el haber actuado con cierto apego a principios elementales de convivencia  civilizada, no le ha reportado los beneficios que disfrutan los malvados de siempre y los pragmáticos de hoy, y ha decidido sumarse a ellos, y terminar mal, lamentablemente.

Esa gente vive entre el chantaje y la extorsión, sin reparar en el sucio legado que dejan, y, lo que es peor, pretende salpicar a generaciones sanas con la inmundicia que arrastran rumbo a su destino cloacal.

Es sintomático que tan pronto se habla de la obsolescencia y caducidad de la Ley 6132 sobre Expresión y Difusión del Pensamiento, y del Reglamento 824 sobre Espectáculos Públicos y Radiofonía; y la imperiosa necesidad de actualizarlas, a los fines de que funcionen  efectivamente, esa misma gente, reaccione como energúmena.

Parecería que  la perversidad conservadora los llevó a creer que en verdad la Prensa es un cuarto Poder; letra muerta aunque esté consignada  en la declaración de los derechos del hombre.  El modelo presidencialista en los países tercermundistas como el nuestro, sólo reconoce un Poder: El Ejecutivo. Todo lo demás, no pasa de ser sofisma, eufemismo o maniqueísmo malintencionado.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación