Con la renuncia de Miguel Ángel García, debido a que de hecho Roberto Rosario lo suplantó en la Dirección de Cómputos de la JCE por Franklin Frías, la estrategia de Leonel Fernández para seguir sin continuar su medalaganaria forma de dirigir la nación, ha quedado al desnudo.
Por lo obvio, se puede afirmar que cualquier tullido mental sería capaz de entender el por qué de la propuesta del magistrado Rosario, a quien se suponía imparcial, y el interés de dejar ese Centro en manos de Frías. Pienso que ante la imposibilidad de cambiar la realidad ni la percepción, los leonelistas se han propuesto un temerario fraude electrónico que necesariamente tendría funestas consecuencias.
Sólo hay que seguir el coherente discurso de los voceros del PLD y el extrañamente coincidente de Agripino Núñez Collado. Ese discurso persigue asentar en la sique del colectivo social dominicano que el fraude es cosa del pasado, conscientes de que nunca antes ha sido tan posible como ahora falsear cualquier cosa; y burlar, no digo yo la voluntad popular, si se cuenta con la herramienta informática.
Alguien cuyo nombre no recuerdo dijo: la primera guerra mundial la ganó quien tuvo mayor infantería, la segunda el que tenía mejor armamento y la próxima la ganará quien tenga la mayor y mejor información. Los asuntos políticos, cuando se trata de llegar o retener el Poder, no se manejan de oído; se ejecutan con las órbitas que Dios les puso a los hombres entre las piernas.
De modo que ante la estrategia de Leonel, y el tollo que hay en la Junta por el afán de malograr el proceso con escaramuzas, como las que implementa Rosario, lo pragmático es seguir el consejo de Sun Tsu: Una acción bien dirigida debe ser como una serpiente veloz que contraataca con su cola cuando se le ataca por la cabeza, contraataca con la cabeza cuando se le ataca por la cola y contraataca con cabeza y cola cuando se le ataca por el medio
