Opinión

MI VOZ ESCRITA

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Vincho y sus fábulas

En la entrega anterior, “Entre De Beccaria y Vincho” afirmé que dar crédito a un posible acuerdo del boricua José David Figueroa Agosto con la Drug Enforcement Administration (DEA) a cambio de información sobre los pejes gordos de nuestras aguas, no era ocioso; y que el doctor Marino Vinicio (Vincho) Castillo tenía que estar al tanto de esa eventual negociación, como el que más.

Apenas tres días después, el lunes pasado, el sempiterno fabulador insinúa que el mencionado sujeto podría ser miembro de la agencia, en tanto  la Embajada del país del norte solicitó su extradición y al día siguiente desistió de su petición. Un disparate tan solemne como una misa de cuerpo presente a un difunto de tercera al que le espera una fosa 7 x 4 x 3.

Y es que el asunto es de lógica elemental. Si el tal Figueroa Agosto es un convicto con 209 años de condena en tribunales que probaron su culpabilidad: ¿Cómo puede ser uno de los mismos que le persiguieron, apresaron y le hicieron juzgar? No, doctor Vincho Castillo. Como dice esta generación atrevida y acaso pragmática, su capacidad fabulista “se guayó”. Las relaciones actuales son consecuencia de un arreglo del que usted y la DNCD no son ajenos.

Su reacción se debe a la denuncia del doctor Hugo Tolentino Dipp de que en el gobierno hay funcionarios ligados al narcotráfico, y que él conocería. Por eso enrumbó la proa hacia el litoral opositor, a los fines de descalificar con perversas insinuaciones a Tolentino y al doctor Manuel Ramón Morel Cerda, íconos de prístina moral con quienes no podría medirse.

Como hombre mefistofélico amparado en el manto de lo peor del Opus Dei del Cardenal López, el tristemente célebre personaje francomacorisano aprovecha la oportunidad para sacarle las castañas del fuego a algunos prominentes del gabinete, comprometidos hasta el tuétano con la comercialización de estupefacientes y al jefe de la DNCD, súbdito-cómplice de la DEA en el acuerdo.

 El supuesto escape de Figueroa Agosto y la “desaparición” de su aguerrida amante, quienes podrían haber negociado, en nombre de un amor inusitado, la tranquilidad que proporciona la amnesia consensuada, es una patraña orquestada para embaucar aún más a una opinión pública asediada por la desinformación interesada a la que se alega juega y apuesta  Vincho Castillo.

El Nacional

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