Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

Unidad en hermandad
La “unidad en hermandad”, debe ser la consigna que aglutine a la dirigencia alta, media y de base del PRD con miras a la próxima convención de junio, a los fines de restañar viejas y recientes heridas, y de que la infantería perredeista se despoje del desaliento, la desesperanza y la impotencia que la abaten.

Esa infantería de militantes y simpatizantes, “aún cautivos en la más añeja organización política del país”, está lista y ansiosa de regresar al Poder que, por ambiciones personales, ya aceptadas, se perdió en una insólita maraña de resabios y rencores, enardecida por paniaguados y oportunistas, sin historia partidista, pero, eso sí, prestos a degustar la carroña.

A los carroñeros que viven al acecho para insertar sus cuñas divisoras en el PRD, hay  que detectarlos, enfrentarlos y extirparlos como lo que son: tumores malignos con vocación metastásica en los órganos vitales del maculado y enfermo cuerpo perredeista.

Luego del encuentro casual entre Hipólito Mejía y Hatuey  De Camps en el velatorio de Cuchito Álvarez, encuentro en el que reinó una distensión inusitada, se me ocurre que estos fraternos amigos deben juntarse con auténtica voluntad unitaria. Para lograr este propósito, hace falta el concurso de cirujanos como el hijo de doña Orfelina.

Es posible que Hatuey tenga más defectos de los que le endilgan sus contrarios. Pero, nadie puede cuestionar su amor y su entrega al PRD, desde mozuelo. Soy de los muchos que aseguran que el deterioro de su salud, lo provocó la crisis interna que desató la reelección, auspiciada por el entorno hipolitista, y a la que, confieso, me arrastró la fuerza osmótica.

El PRD necesita de alguien experimentado, y con ascendiente político y moral, capaz de diseñar desde una posición coordinante, sin cargo dirigencial en la estructura orgánica, la estrategia que catapulte con los resultados de la próxima convención, el triunfo en el 2010 y la victoria gloriosa en los comicios de 2012.

He tenido fuertes desavenencias y contradicciones con Hatuey, por su otrora desconsiderado y avasallante comportamiento con casi todo el mundo, culpa inequívoca de lambiscones y genuflexos que, con un sempiterno “sí, licenciado”, endiosaron su ego, acaso genéticamente soberbio, para luego, vilmente, hacerle libar el acíbar de la traición.

Ahora bien: Los dirigentes del PRD, tienen que llegar unidos a la convención, ya que, en caso contrario, la fe perredeista también perecerá el año venidero en otro proceso electoral viciado con el peculado, como el anterior. Sin embargo, no basta con una amnistía coyuntural, como la decretada en el 2007, sin reparar en que antes hubo una injusta expulsión sumaria por alegada “alta traición”.

¡Se impone el “Acto de Contrición”! Que cada quien reconozca su(s) error(es), y que el perdón recíproco sea el clarín indulgente que revalide el eslogan de la lucha sandinista que parodió para el partido blanco, el líder inmortal José Francisco Peña Gómez: “El PRD unido, jamás será vencido”. ¡Amén!

El Nacional

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