Una obligación imposible
La Superintendencia de Electricidad y las empresas distribuidoras de energía iniciaron el sábado pasado la persecución de hogares, empresas y negocios que reciben el servicio violando la Ley 186-07 que castiga el delito.
Con operativos en barrios y ciudades del país, se busca regularizar la situación. La decisión es correcta y el derecho es legítimo.
Sin embargo, como advierte el aforismo jurídico: No todo lo legal es justo. Como tampoco es justo ni cierto que necesariamente siempre, haya que medir a todos con la misma vara. Nadie, después del Nazareno, reclamó de manera tan humana como Duarte la prioridad justiciera.
El insigne dominicano, soportó y sufrió, como sus conciudadanos, los avatares de al época, pero no vaciló un segundo en alertar sobre la ofensa a Dios que serían el rencor y las malquerencias, y condicionó la felicidad futura a la justicia de ese presente.
Sed justos, lo primero; si queréis ser felices, sentencia el patricio con fervor cristiano y la satisfacción de habernos legado la Patria.
Es necesario ser cristiano y creer en la justicia divina para, en momentos de gloriosa victoria, pensar en los vencidos y en la justicia de los hombres.
La ley conmutativa establece la invariabilidad filosófica del producto de una multiplicación, no importa el orden de los factores. Es decir, lo inmutable del producto es consecuencia de la conmutativita. Sin embargo, con el efecto psicosocial de la persecución, el asunto es diferente: el orden de los factores sí altera el producto.
La instrucción es iniciar la andanada por los hogares de gente desempleada y subempleada, cuya tasa ronda el 40%, no obstante el Presidente denunciar que los poderosos no pagan la luz.
La parafernalia montada por el gobierno en los diversos medios comunicativos a ese fin, se inició meses atrás con una campaña mediatizada, incitando al caliesaje colectivo; la segunda, utiliza el chantaje sutil con alegada intención persuasiva.
El proceso inquisidor es para justificar la eliminación de los subsidios al sector eléctrico por el consumo que el pueblo muerto de hambre no paga. Pero hay una pregunta obligada: ¿De dónde sale el dinero para el subsidio? ¡No es de los bolsillos de Leonel! Ese dinero sale de los impuestos que paga el pueblo dominicano y que por mandato sustantivo administra el Presidente. No solo es solidario y justo que el pueblo ayude al pueblo a sobrellevar su carga con los subsidios, sino que habla bien de la caridad de nuestros compatriotas.
¿O, es que, acaso, el pueblo no somos todos? Cuando los poderosos paguen, entonces se le podría pedir al pueblo desvalido que en la medida de lo posible, más ahorrando que pagando el consumo, colabore.
En derecho penal, en tanto figura jurídica, se apela al delito imposible Y, ¿qué de la obligación imposible, como figura judicial en los derechos civil y constitucional, cuando es inasequible el cumplimiento? La máxima cantinflesca es clara y terminante: Cuando no se puede, no se puede

