Opinión

MI VOZ ESCRITA

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A mi amigo Peña Gómez en su natalicio…

Luego de recrear en la entrega anterior el momento, el lugar y las circunstancias que motivaron a Peña Gómez, a lanzar el eslogan:   “El PRD unido, jamás será vencido”, en la parte final afirmo que, desde la fundación del partido blanco en Cuba, Bosch ambicionaba imponerle su liderazgo hegemónico. Sin embargo, ese deseo patológico del autor de La Mañosa, tuvo que esperar la muerte de Trujillo para tener un éxito relativo.

En efecto, a sabiendas de que Bosch encarnaba el síndrome de la discordia, los demás forjadores del PRD para luchar contra la tiranía desde el exilio, aunque a regañadientes, decidieron reconocerlo como líder en la Patria. Entendieron que era preferible complacer su egolatría psicorrígida a restregarle al país la vergüenza de sus contradicciones. 

El 5 de julio de 1961, ya en el lar nativo, la avanzada, compuesta por Angel Miolán, entonces secretario general, Nicolás Silfa y Ramón Castillo, anunciando la llegada del “Mesías” que se creía Bosch, la historiografía nacional aún no destaca que el 9 de julio, cuando se inscribe Peña Gómez, Miolán observa su ímpetu y su pasión perredeísta, y le encomienda organizar la primera manifestación pública en suelo patrio.

Él asume la responsabilidad, y propone el 16 de julio, día en que se conmemora la fundación de La Trinitaria. En esa fecha histórica, y a contrapelo de la violencia salvaje instaurada por los paleros de Balá en la Capital y en el Cibao por los de otro personaje siniestro que aún vive, la concentración se realizó en el parque Colón, frente al primer local del PRD en la calle El Conde número 13.

El  entusiasmo fue tan contagioso, que los que se desplazaron desde el interior, se convirtieron en agentes multiplicadores cuasi libertarios, y, enardecidos, fueron  creando las condiciones para la formación de los Comités de Base y Municipales del partido de la esperanza nacional en todas las localidades de la República.

El Nacional

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