Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

El Papa  y su clamor
Un despacho de la agencia Efe del 4 de los corrientes, da cuenta del siguiente clamor del Papa Benedicto XVI: “Es una vergüenza que una quinta parte de la humanidad pase hambre”, al tiempo que pidió a los líderes mundiales que aseguren el suministro de alimentos y promuevan la solidaridad y la subsidiariedad con las regiones más pobres y débiles del planeta. Un clamor injustificable que mantiene en la picota a la Iglesia católica.

La Iglesia católica en que me formé; y aprendí a amar y respetar con la orientación apostólica de los finados sacerdotes Enrique Mellano y Víctor Miranda en el Colegio Don Bosco, junto a destacados profesionales, entonces condiscípulos, como los arquitectos René Alfonso González, Cristóbal Valdez y Nelson Toca; de los ingenieros Felipe Abréu Roedán (Epd), Gustavo Toca y Francisco Miceli; y de los médicos Rafael y Urbano Serret, Manuel Rodríguez y Mario Santana Mejía.

También, del químico Andrés Domínguez, el psicólogo Manuel Karam; y los abogados Enmanuel Esquea, Nelson Ramos (Epd) y los hermanos Eduardo y Roosevelt Comarazamy, entre muchos otros entrañables compañeros del alma.

¿Cuántos de aquellos adolescentes ilusionados con ser émulos de Domingo Sabio, aun quien esto escribe, no se sienten defraudados con los es cándalos mayúsculos que protagonizan en mayoría los representantes de la jerarquía católica, cuya cúpula mira cuasi indiferente la decadencia progresiva de la Iglesia que Jesús le ordenó a Pedro construir sobre una roca? Pienso que si no es la totalidad, faltan pocos.

El asunto mueve a preocupación; pues, ante casos como los abusos contra núbiles y humildes doncellas cometidos por el hoy Presidente paraguayo y el descaro del farsante padre Alberto; con fama de homosexual, y que, no obstante, se le “pescó” manoseándose en una playa de la Florida, con una de sus víctimas, ahora femenina, resulta cuesta arriba entender por qué la Santa Sede no fiscaliza ese tipo de conducta y procura una purga inquisitorial contra “sus demonios”; un exorcismo, si es preciso.

Mientras  eso ocurre el Papa Ratzinger continúa  promoviendo su intolerante política “pro-vida”, nacida acaso de un sentimiento misógino, y propulsada desde sus tiempos de cardenal consultor de Juan Pablo II. Esto así, porque ¿cómo aceptar que se prefiera el fruto y no el “árbol que le dio vida”, que, en este caso, es la mujer? ¿Desde cuándo es negocio matar la gallina, porque el huevo sea de oro?

El tema, de tan conflictivo parece inconciliable; pues habría cinismo y desparpajo en el clamor del Papa cuando se sustrae del liderazgo mundial y pide a su pares que asuman el compromiso de suministrar la alimentación y subsidien las necesidades de una quinta parte de la población que pasa hambre, debido al crecimiento demográfico sostenido que defiende Ratzinger, sin que la Iglesia asuma ninguna responsabilidad. El Imperio sabe que ya los niños no vienen con su pan debajo del brazo, y no está en eso de tener que pagar la factura de tantos panes.  “¿Y e´ fácil?”

El Nacional

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