Opinión

Miedo y espanto

Miedo y espanto

Nadie está seguro. El narcotráfico, el crimen, el delito, el robo y la corrupción, constituyen el pan nuestro de cada día. De las páginas de los periódicos brota la sangre.  La Policía y las Fuerzas Armadas están  demasiado comprometidas con los crímenes y delitos. El Ministerio Público está atado por los resortes del poder. Las investigaciones no tocan fondo. Se detienen cuando llegan a un punto determinado.  Funcionarios civiles y militares forman parte del engranaje del vicio, la corrupción y el crimen. Nunca  tantos funcionarios habían perdido su visado estadounidense por vínculos con el narcotráfico.

Y el presidente de la República lo sabe. Y lo saben los periodistas. Lo  sabemos todos. La descomposición  gubernamental ha sobrepasado los límites. Los ciudadanos no saben en quién confiar, ni en quién creer. Ninguna autoridad inspira respeto ni confianza.  En casi todos los crímenes y delitos,  aparecen policías, militares y funcionarios del gobierno. La corrupción parece no detenerse en la puerta de ningún despacho oficial.

 En los 48 mil kilómetros cuadrados que forman este país parece no haber autoridad.

La Cuba de Batista de finales de los años 50 resulta un juego de niños comparado con lo que está ocurriendo en nuestro país. Y aquí no tenemos una Sierra Maestra ni un Fidel Castro encabezando una revolución. Aquí no tenemos ni siquiera oposición. La oposición la compró el gobierno. Si Cuba era un casino, la República Dominicana es  un punto de drogas.  En este país nunca antes, nunca, hubo tanto desconcierto, tanto vacío existencial.

Lo penoso es que se vislumbra una salida temprana. El pueblo se mantiene en silencio, como si no fuera su problema. Está durmiendo con la muerte sin saber que es su propia muerte. El pueblo no sabe que le han matado la esperanza; no sabe que lo están dejando sin futuro.

Este gobierno que no respeta leyes, este gobierno malsano, cruel y corrupto, está conduciendo el país al abismo. Pero la culpa no es sólo del gobierno,  es de todos los que han guardado silencio, de los que no han hecho nada para cambiar éste estado de cosas.

 Los que todavía amamos esta tierra que vio nacer a Juan Pablo Duarte, a Manolo Tavárez, a Gregorio Luperón, a Francisco Alberto Caamaño y muchos otros héroes, quisiéramos para este pueblo un clima de libertad, justicia  y prosperidad.

El Nacional

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