Un informe de Industria y Comercio revela que el Gobierno ha erogado más de mil millones de pesos en subsidios a combustibles para transportar cargas y pasajeros, sin que ese sacrificio fiscal se haya reflejado en reducciones de precios al consumidor.
En razón de que el costo del barril de petróleo mantiene tendencia a la baja desde agosto del año pasado, puede decirse que gran parte de esos mil millones cayeron en saco roto o sirvieron para beneficiar espurios intereses.
A pesar de ese enorme sacrificio fiscal y de otros colaterales que superan ese monto, como el subsidio a la energía eléctrica, los altísimos precios de artículos de primera necesidad, así como el costo del pasaje se mantienen inalterables, o en muchos casos se incrementan.
Para que se tenga una idea de tan penoso contrasentido, se señala que en julio del año pasado el galón de gasoil costaba casi 182 pesos y hoy se expende a cien pesos, pero esa pronunciada baja no se refleja en los precios del transporte de carga ni de pasajeros, ni mucho menos en los alimentos.
El informe oficial dice que el precio del gasoil resulta todavía más barato para empresas industriales y de servicios que reciben compensaciones del Gobierno, aunque en estos casos esos subsidios tampoco se reflejan en los índices de precios al consumidor.
Sindicatos y empresas del transporte han recibido 31 millones de galones de gasolina regalados por el Gobierno, lo que supone un gasto de mil 25 millones de pesos, sin que esos consorcios acepten reducir los precios del pasaje o el costo del acarreo de cargas.
Es menester resaltar que esos mil millones, literalmente tirados por la alcantarilla, son dineros de los contribuyentes que han debido tener un mejor uso, aún cuando la intención de esos subsidios fue evitar alzas o promover bajas en precios de bienes y servicios.
Además de esas millonarias compensaciones, grandes consorcios se benefician también con la abrupta baja en los precios internacionales de materias primas básicas, como maíz, sorgo, trigo, metales, fertilizantes y agroquímicos, sin que tampoco ese nuevo escenario se traduzca en reducción del asfixiante costo de la vida.
Más de mil millones de pesos en subsidios y compensaciones no han servido para nada más que para promover irritantes privilegios, por lo que es preciso recordar que tanto va al cántaro a la agua

