La Paz, (EFE).- Al menos 40.000 bailarines llenaron ayer las calles del centro de la ciudad boliviana de La Paz con ritmo y color en la popular fiesta religiosa de Jesús del Gran Poder, protagonizada principalmente por los descendientes de aimaras que emigraron del campo.
Con música típica de la diversidad folclórica de Bolivia, más de 50 fraternidades veneraron este sábado a la deidad en un recorrido de más de seis kilómetros por varias calles de La Paz, colapsadas también por decenas de miles de espectadores.
El presidente del país, Evo Morales, y el vicepresidente Álvaro García Linera asistieron a la presentación del desfile folclórico, poco antes de dirigirse al estadio Hernando Siles de La Paz para ver el partido de fútbol entre las selecciones boliviana y venezolana correspondiente a las eliminatorias de Sudáfrica 2010.
Desde temprano en la mañana, los bailarines expusieron nuevas coreografías y trajes en sus danzas, que terminarán en las primeras horas de este domingo.
La fiesta tiene su origen en un populoso barrio paceño donde hace varias décadas apareció una pintura de Jesús con los brazos abiertos y tres rostros.
Según la tradición, hay que dedicar bailes a Jesús del Gran Poder durante tres años seguidos para que cumpla los deseos.
Venimos a bailar al señor del Gran Poder y a pedir nuestros deseos al que está ahí arriba, comentó a Efe Julio Rodrigo Conde, que baila desde hace más de 12 años con el grupo Tinkus Huayna Lisos, de la universidad central de La Paz.
El tinku, un baile guerrero que escenifica un combate cuerpo a cuerpo practicado en el norte del departamento de Potosí, es solo una de las múltiples expresiones folclóricas que se aprecian en la fiesta, donde la estrella cada año es la danza de la morenada.
La morenada recuerda la llegada de esclavos negros a las minas de Potosí y a las plantaciones de coca de La Paz, mientras que la danza de los caporales representa a los capataces de haciendas donde se trabajaba con un sistema de explotación y esclavitud.
Otros bailes mostrados fueron las kullawadas, cuecas, chacareras y la diablada, que escenifica la lucha entre el bien y el mal, encarnados por el arcángel San Miguel y Lucifer.
En sus orígenes el desfile era símbolo de la cultura chola y mestiza, pero en la actualidad se ha popularizado y hay incluso extranjeros residentes en Bolivia que se unen a las fraternidades.

