Confieso que los ingleses siempre me han resultado una población muy curiosa. Hablo de los ingleses ordinarios ya que sus gobernantes siempre me parecieron particularmente detestables, con su auto asignada misión de “civilizar el mundo” vía un imperialismo cuya maléfica sofisticación es rayana en el mito.
Para darles un ejemplo, pocos saben que para poder imponer sus burdas telas en el mundo Inglaterra le cortó el dedo pulgar a todos los tejedores de finísima seda de la India; para no hablar de los horrores de su colonialismo en África y Asia, particularmente la China, donde el opio fue su arma secreta.
Empero, verles llorando desconsolados, hombres y mujeres, frente a la puerta del Palacio de Windsor, dejando sus flores, velas y ositos de peluche, cuando asesinaron a Diana, me conmovió. ¡Qué personas tan particulares! ¡Qué raro espécimen de humanidad!.
Lo mismo me acaba de acontecer ahora que Inglaterra acaba de anunciar su creación de un Ministerio de Soledad, con el objetivo de combatir la obesidad, el alcoholismo, la adicción al cigarrillo, la depresión, el cáncer y otras enfermedades mortales.
Los científicos ingleses parten de que se operan cambios en el cerebro cuando se vive aislado, creándose mecanismos de stress, tales como un sentido de hipervigilancia y sentimiento de amenaza que contribuyen al encerramiento.
En USA, cuarenta por ciento de la población sufre de soledad, y existe una epidemia de soledad entre la juventud, con miles de amigos y amigas en las redes sociales, pero ninguno real en la vida, provocando un agotamiento de los recursos cognitivos que son limitados, por lo que los padres de esos niños y jóvenes deben poner vedas, o cuotas, al tiempo que pasen sus hijos e hijas frente a las redes.
Sir Simón McDonald, jefe del servicio exterior británico, plantea que este Ministerio ofrecerá programas de toda índole para los nuevos adolescentes de 65 años y más, tales como clubes de idiomas y de baile.
Bailar, es el placer más duradero de la humanidad y en Inglaterra este Ministerio fomentará la creación de clubes de baile, donde la gente reaprenda el placer y el altruismo de relacionarse con alegría con la gente, con un criterio de calidad de amigos, no cantidad.
A cinco mil años de lecto-escritura, leer por lo menos diez minutos al día, es un excelente antídoto contra la depresión por lo que los clubes de lector escritura son otro objetivo del Ministerio.
En Cuba, existen los Clubes de Abuelos, que organizan tours a museos, playas, y ciudades del interior, una iniciativa barrial que nuestro síndico podría emular, a bajo costo y un aumento estratosférico de su popularidad. Me anoto.

