Opinión

Mirando por la rendija

Mirando por la rendija

Los paros cívicos,  no las huelgas como suele repetirse, están a la orden del día. Y no me parece que de lo que se trata es de ponerse de moda. En esta madeja puede haber de todo, pero   el caldo de cultivo  es un sentimiento casi colectivo de insatisfacciones sociales, que  puede ser aprovechado por los opositores al gobierno.

En el caso del autor de esta columna, con más afinidad que desavenencias con el gobierno, no creo que sea el Partido Revolucionario Dominicano el  promotor de las protestas. No pretendo excluir a los perredeistas que participan y pudieran estar soplando las llamas para que el fuego se extienda. Pero el PRD carece  de  estructura organizativa que le permita convocar a grupos sociales tan diversos como los que se  movilizan.

Tampoco quiero que se entienda que quiero subestimar la fortaleza que pudiera tener el PRD. No, me refiero fundamentalmente a la falta de cohesión y a las refriegas internas que imposibilitan la necesaria unidad para el montaje y realización de estos operativos populares.

Es imposible ocultar las necesidades y los problemas acumulados a lo largo de los últimos 47 años de democracia, contados a partir de la caída de la Era de Trujillo. La democracia ha sido relativamente efectiva en el cuidado de las libertades públicas y los derechos humanos, pero ha sido más que indiferente, culpable de la pobreza imperante en la mayoría de la población.

La forma, el estilo y los mecanismos para combatir la desigualdad social, han fracasado. La pobreza, el desempleo, las fallas educativas, la falta de salud, la corrupción, la delincuencia, en fin, la crisis de valores, demandan  cambio de rumbo. 

Un informe con la firma de Adolfo Martí Gutiérrez¨en la sección “Economía y Negocios” del matutino Hoy el domingo, es la respuesta  a las causas que han provocado la presente situación.

Sostiene el autor  que de 17 naciones latinoamericanas,  en 11 de ellas el gasto público se incrementó a partir del 2003-04, en mayor proporción en el gasto corriente. Y más adelante agrega: “Ya sabemos, que tradicionalmente en América Latina el gasto público es en gran medida ineficiente, lo cual quiere decir que aún estamos distantes de poder prestar servicios superiores sin gastar más”.

Tras criticar la función pública de la región, en el sentido de que no se contrata  personal idóneo y no hay  correlación entre el aumento de las remuneraciones y la mejora en la calidad de los servicios, señala: “Pero en cuanto al capital humano, América Latina está rezagada respecto de los países industriales y de las regiones más dinámicas. La calidad de la educación también es deficiente”.

Y concluye: “El gasto social ha tenido un efecto limitado a la hora de reducir la pobreza y cerrar la amplia brecha que separa a los ricos de los pobres. En promedio, los pobres reciben un porcentaje pequeño de los beneficios del gasto social. Gran parte del gasto en enseñanza superior y protección social termina en manos de los grupos de más ingresos”.

Muchas veces se ve mejor desde las rendijas que desde adentro.

priamohmp@hotmail.com

El Nacional

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