Opinión

Mitología de la sal

Mitología de la sal

La sal es un producto tan antiguo como la humanidad e indispensable para los más variados usos cotidianos. El uso de la sal se ha incrementado notablemente con el aumento de la población.
Durante generaciones, hasta la primera mitad del siglo XIX, algunos pueblos debieron trabajar duramente para producir la sal y otros sufrieron penurias para no ser privados de ella.”

“En otras palabras, la sal fue un protagonista generado y también tiránico en la vida cotidiana hasta la Edad Media, los soberanos y sus príncipes tenían acceso a este bien; las clases populares debían acudir sucedáneos para suplirla.

Más tarde y a pesar del florecimiento del gran comercio, la sal siguió siendo una mercancía de difícil obtención con lo cual terminó por transformarse en un instrumento político, además de un medio para regular el intercambio en las relaciones entre Europa, África y el Levante, tanto más dinámico y sensible cuando más aumentó la singularidad y universalidad de sus aplicaciones.”

Tomando como eje ese fundamental elemento de la vida humana, Jean Francois Bergier, en su libro “Historia de la sal” nos dice que la mayor parte de las religiones atribuyeron la sal, entendida como una sustancia mediadora entre lo natural y lo sobrenatural, un carácter sagrado, una estrecha relación con lo divino.

Y ello no sólo debido a sus relaciones benéficas sino por los daños. Entre las primeras se encuentran los de nutrir, conferir sabor y asegurar la purificación y entre los segundos deshidratar y esterilizar el suelo.

En particular, la región Judeo-Cristiana vio la sal un principio de vida y de energía, y al mismo tiempo, un instrumento de la justicia y de la cólera de Dios.

También en el mundo Islámico y en otras civilizaciones compartir el pan y la sal quiere decir ser amigo de alguien; en Japón, la sal tiene una función purificadora que se encuentra en algunos rituales de occidente.
Naturalmente, en relación con este elemento resulta bastante difícil establecer el límite entre lo sagrado y lo profano.

Fue instrumento del sacerdote exorcista y cumplió papeles decisivos en los cultos mágicos, la alquimia y las ciencias ocultas.

En los países vascos, se echaba sal en el fuego para ahuyentar los sortilegios de las brujas, en Armagnac el mismo rito servía para preservar los campos de las tempestades y en muchos barrios, se colocaba a la puerta de las casas para conjurar pestes.

El Nacional

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